Alimentando otros modelos

Comedores escolares agroecológicos FUHEM

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No desperdiciemos el potencial educativo de los comedores escolares

 Fuente: El diario de la educación

Luis González Reyes 9/1/2018

Fotografía: Fapar / Arainfo

¿Qué tiene de extraña la fotografía que ilustra el artículo?, ¿qué elemento no encontraríamos nunca en un comedor escolar tal y como se está produciendo en esta imagen?

Efectivamente, el profesorado (o las familias) y el alumnado están comiendo juntos. Uno se puede imaginar que ese comedor, a diferencia de la mayoría de los comedores escolares, al menos ese día, está aprovechando al máximo las potencialidades didácticas de algo tan importante como la alimentación. No solo están reponiendo fuerzas, sino que están usando ese momento clave de nuestra cotidianidad con una mirada pedagógica. Pero, ¿cuáles son esas potencialidades?, ¿por qué es importante la alimentación como vector educativo? El modelo alimentario es fundamental en una educación emancipadora por, al menos, cuatro razones.

La primera surge del propio sistema agroalimentario industrial, que es uno de los principales agentes de la crisis ambiental y social en curso. En lo que concierne al impacto ambiental, el agronegocio usa una cantidad creciente de recursos (tierra, agua, derivados del petróleo, etc.), que además degrada (pérdida de fertilidad, contaminación difusa, extinción de especies agrícolas y ganaderas, etc.). Otro de los impactos del modelo es que es uno de los principales causantes del calentamiento global. Todo esto se agrava por dietas fuertemente carnívoras en las poblaciones enriquecidas.

Desde el punto de vista social, la destrucción del campesinado, en definitiva, de un mundo rural vivo, sigue siendo sistemática. El modelo alimentario dominado por las grandes multinacionales y fondos de inversión ha producido una pérdida de poder adquisitivo de las/os agricultoras/es, lo que las/es fuerza al desarraigo, la proletarización o el hambre. Además, la agricultura industrial utiliza mano de obra en condiciones de hiperexplotación. El siguiente eslabón, el pequeño comercio, termina teniendo un final similar. En el otro lado de la cadena productiva, las grandes corporaciones determinan el tipo y la calidad de los alimentos, su coste, y cómo y dónde se producen bajo la única guía del beneficio monetario. Esto genera que los descartes alimentarios sean brutales y el hambre en el mundo esté lejos de resolverse. Además, el modelo facilita los brotes infecciosos y la baja calidad de los alimentos. Los impactos sobre la salud también son por dietas fuertemente calóricas y carnívoras (obesidad, diabetes, cáncer, etc.).
Por ello, un sistema alimentario basado en la agroecología y en dietas equilibradas es fundamental para abordar los desafíos del siglo XXI. La agroecología conjuga el cultivo ecológico, la persecución de condiciones sociales y económicas dignas para todos los agentes del proceso alimentario, y la lucha por una transformación colectiva hacia modelos justos, sostenibles y democráticos. Este modelo responde a los retos que tenemos porque tiene una productividad a corto plazo similar a la industrial y mayor que la tradicional, permite mantener la fertilidad de la tierra, y contribuye a “enfriar el clima”. Y lo hace sosteniendo un mundo rural vivo. A todo esto ayudaría una dieta menos carnívora. Finalmente, consumir alimentos ecológicos es más saludable.

De este modo, la primera potencialidad es que la alimentación nos sirve para explicar elementos fundamentales del (des)orden del mundo y, al tiempo, de las alternativas que ya están floreciendo.

El segundo elemento por el que la alimentación es un buen vector educativo es porque permite abordar temas importantes en la formación escolar. La comida es un espacio predilecto para trabajar la psicomotricidad, la potenciación de los sentidos, las normas de convivencia, etc. Pero no solo, también la modificación del paisaje, los equilibrios ecosistémicos, el comercio mundial o la perpetuación de las desigualdades en el mundo. Es decir, que nos permite abordar elementos centrales del currículo escolar de todas las etapas educativas.

A esto se le suma que la mayoría de las personas van a tener que volver a participar directamente en el sistema alimentario. No hay espacio aquí para justificar esta afirmación, pero la crisis múltiple en curso (energética, material, climática, de biodiversidad, económica, cultural, política), está suponiendo un gran cambio civilizatorio. Solamente por el hecho de no disponer de fuentes fósiles en abundancia en el futuro cercano, será inevitable una re-ruralización social.

Si uno de los objetivos fundamentales de la escuela es ayudar al alumnado a comprender el mundo en el que viven y a desenvolverse satisfactoriamente en él, no podemos afrontar esta gran competencia como si el futuro fuese a ser similar al pasado. Pero deberíamos aspirar a más. No solo a dotar de herramientas al alumnado para comprender y estar en el mundo, sino también para que se convierta en un agente de cambio activo. Un agente que sea capaz de ayudar a que la sociedad salga de este momento histórico siendo capaz de articularse de forma democrática para satisfacer universalmente sus necesidades sin depredar el entorno. Es decir, que enseñar a cultivar, a procesar los alimentos y a distribuirlos será una habilidad básica en los escenarios por venir. En realidad, probablemente ya lo es para tener una buena calidad de vida hoy en día.

Finalmente, la cuarta razón por la que la alimentación es un buen vector educativo es que la comida es algo muy importante en nuestra vida. Lo es desde el punto de vista de la salud, pero también desde la perspectiva vivencial. Alrededor de la mesa, pasamos momentos fundamentales y una parte central de nuestras conversaciones versan sobre el placer o el sufrimiento relacionado con la comida. No podemos desperdiciar este potencial porque sabemos que aprendemos mucho mejor lo que sentimos, lo que vivimos en primera persona. Por eso son importantes momentos como el de la foto que ilustra el artículo.

Ya existen numerosos proyectos que intentan aprovechar estos vectores educativos. Por ejemplo, en Cataluña Menjadors Ecologics y Ecomenja integran esta visión global de la alimentación escolar con una perspectiva didáctica transformadora. En Madrid, Garúa apoya a proyectos ambiciosos en la proyección pedagógica de la alimentación en centros públicos (La Jara, Zofío), y concertados (colegios de FUHEM y Ponce de León). Pero también hay iniciativas desarrollándose en Andalucía, Aragón, País Valenciano o Cantabria.

Además, para ayudar a aprovechar al máximo las potencialidades docentes de la alimentación hay varias guías como “Alimentar otros modelos”, “Agroecología en el currículo de hostelería de FP”, “Yo consumo con conciencia, siembro esperanza” o “Alimentar el món per transformar el planeta”. Recursos accesibles que nos pueden servir de ejemplo en este particular aprendizaje, el de comer de forma más sana, justa y sostenible.

Alertan sobre el “inaceptable” efecto de los actuales sistemas alimentarios en la salud de las personas

El panel de expertos internacionales en sistemas alimentarios sostenibles IPES-Food ha elaborado un nuevo informe en el que pone el acento sobre los impactos que los sistemas alimentarios y agrícolas industriales están causando sobre la salud humana, y sobre los importantes costes económicos que se derivan de esa situación.

Según el informe, cinco vías relacionadas con los sistemas alimentarios industrializados hacen enfermar a las personas: el trabajo en condiciones insalubres; la exposición a contaminantes presentes en agua, tierra y aire; el consumo de determinados alimentos inseguros o contaminados; el mantenimiento de dietas insanas, y la falta de acceso permanente a alimentos adecuados y aceptables. Todas ellas están íntimamente ligadas a prácticas propias de la producción alimentaria y agrícola industrial, como son la agricultura intensiva y química; la ganadería estabulada; la producción y venta masiva de alimentos ultraprocesados o las cadenas de suministro de alimentos desreguladas y globalizadas. El que las personas expuestas a los mayores riesgos sean a menudo las que tienen menos poder hace, según los expertos de IPES-Food, que esos riesgos pasen muchas veces desapercibidos y no sean documentados ni abordados políticamente.

El informe desgrana también los importantes costes económicos que se derivan de esta situación: la malnutrición supone un coste de 3,5 billones de dólares al año en todo el mundo; se estima que el coste sanitario causado por la obesidad ascenderá a 760.000 millones de dólares en el año 2025, mientras que la exposición de la población a disruptores endocrinos cuesta, en Europa y Estados Unidos, 557.000 millones de dólares al año.

Frente a este escenario, el panel de expertos identifica en el informe cinco puntos a partir de los que construir sistemas alimentarios más saludables. Las claves pasarían por promover sistemas alimentarios participativos; reafirmar la integridad científica y la investigación como un bien público; dar a conocer los impactos positivos de los sistemas alimentarios alternativos; adoptar el principio de precaución, y construir políticas alimentarias integradas desde una gobernanza participativa.

Ipes-Food

Marco teórico pedagógico para trabajar la soberanía alimentaria con enfoque de género en secundaria

En esta entrada os presentaros el nuevo material desarrollado por VSF -Justicia Alimentaria y Hegoa en el marco del programa socio educativo “Alimentacción”. Este programa pretende promover un modelo educativo comprometido con la sociedad y basado en los principios de la Soberanía Alimentaria. A través de este eje transversal se pretende generar aprendizajes y pensamiento crítico entorno a la propia salud, la sostenibilidad y la justicia social.

Educación crítica y transformadora: Marco teórico Pedagógico para integrar la soberanía alimentaria con enfoque de género en los centros de Secundaria

El libro se presenta como una guía para pensar el modelo educativo en su conjunto. Un modelo que, desde el enfoque de la Educación para la Ciudadanía global hoy en transición, recupera sus fuentes centrales de referencia: la tradición de las pedagogías críticas y la educación popular. Un modelo que da protagonismo al profesorado y al alumnado como sujetos centrales de la acción educativa, pero que reconoce el papel del resto de agentes educativos y sociales con los que los centros interaccionan en el territorio. Un modelo que incide en la importancia de trabajar con un curriculum social y culturalmente relevante que permita al alumnado comprender la realidad y actuar sobre ella. Un modelo, en suma, que se sustente en el marco de una conciencia ética, crítica y transformadora desde la cual reforzar el compromiso con la creación de modelos de justicia social y equidad.

Las escuelas infantiles municipales incorporarán criterios de alimentación sostenible y ecológica

Fuente: eldiario.es

Sistemas alimentarios sostenibles, inclusivos, seguros y diversificados que aseguren comida sana y accesible a toda la población. Participación ciudadana en el diseño de las políticas públicas sobre alimentación como tareas fundamentales. Impulsar los circuitos cortos de comercialización, por la lucha contra el desperdicio de alimentos y por rebajar la huella ecológica de la producción alimentaria.

Estos y otros compromisos son los que se desprenden del pacto de Milán sobre materia alimentaria firmado por el Ayuntamiento de Madrid de Manuela Carmena en 2015 y que en estos días se está reuniendo en Valencia.

Dentro de esta estrategia, las niñas y niños escolarizados en las 56 escuelas infantiles municipales podrán comer más sano gracias a la incorporación, en sus pliegos, de cláusulas que obligan a incorporar criterios de alimentación sostenible y ecológica, así como la preferencia por el circuito corto, según explica el Ayuntamiento de Madrid.

El segundo teniente de Alcalde de Madrid, y delegado de Coordinación Territorial y Cooperación Público-Social, Nacho Murgui, participa en el tercer encuentro anual de alcaldes del pacto de Milán, que se celebra en Valencia, capital mundial de la Alimentación Sostenible, del 19 al 21 de octubre.

Asimismo, para acercar alimentos ecológicos y de proximidad, se ha abierto una planta del mercado de Vallehermoso a estos productos y, en los próximos meses, se abrirá un mercado estable de estas características en la avenida del Planetario.

Este año el Ayuntamiento ha impulsado el proyecto MARES, uno de cuyos ejes es precisamente el alimentario, mediante el cual se impulsaran iniciativas de economía social vinculadas a este sector, ha anunciado el Consistorio.

El pacto, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en octubre de 2015, fue firmado por Ayuntamientos de cerca de 100 ciudades del mundo. En la actualidad, son más de 150, de las cuales 21 son del Estado español, entre ellas Barcelona, Valladolid, Bilbao, Oviedo, Valencia, Zaragoza, Málaga, Donostia, Las Palmas de Gran Canaria, Córdoba o Pamplona que, juntas, suman una población superior a los 10 millones de personas. En la Comunidad de Madrid se han adherido, entre otras, Fuenlabrada, Alcalá de Henares y  Rivas-Vaciamadrid.

Es preciso abordar el impacto del consumo de carne sobre el clima

Desmog

Los grupos ecologistas insisten en la necesidad de paralizar la apertura de nuevos yacimientos de petróleo, carbón y gas, pues la sola explotación de los proyectos de combustibles fósiles actuales ya nos situaría por encima del Acuerdo sobre Cambio Climático de París 2015, destinado a limitar el calentamiento global a menos de 2ºC. De hecho, existe todo un movimiento basado en el lema “Dejadlo bajo tierra” que persigue esta idea.

Dado que la Casa Blanca ha renovado su apoyo a los combustibles fósiles, y tomando en cuenta los resultados de algunos informes, quizás tengamos que centrarnos en la batalla por “Dejadlo en la vaca”*. Según predicen los expertos, y si seguimos con la tendencia actual, la actividad agrícola será responsable de casi la mitad de las emisiones de carbono para 2050 si queremos mantenernos por debajo de los 2ºC de calentamiento.

Según la Universidad Chalmers de Tecnología de Suecia, esa es la perspectiva que tenemos por delante a menos que el mundo disminuya su consumo de carne, especialmente de ganado vacuno y otros rumiantes. La cría de rumiantes produce grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono, aunque con una vida más reducida.

Una forma de considerar el problema es la que propone el movimiento global “Lunes sin carne”. Pero el citado estudio muestra que el impacto de la dieta en el cambio climático no depende tanto la cantidad de carne que comemos, sino de cuánta es de res o de cordero y de la cantidad de productos lácteos.

Un estudio de 2017 de la citada universidad concluye que “pasar de una dieta basada en carne de rumiante a una dieta de carne de animales monogástricos (pollo, cerdo) reduce las emisiones [de metano] casi en la misma cantidad que pasar a una dieta completamente vegana”. Investigadores de la Universidad de Oxford llegaron a las mismas conclusiones en 2016, afirmando que el cambio a una dieta vegetariana podría reducir las emisiones de gases invernadero en 2/3.

(Por supuesto, el veganismo es una opción. Pero tanto los huevos como los productos lácteos tienen la mitad de impacto en el cambio climático que el consumo de pollo y vacuno).

Es preciso señalar que muchos de estos estudios no toman en cuenta los cambios en el uso del suelo que supone el consumo de las diferentes dietas. Pero la FAO calcula que el 70 por ciento de la selva amazónica se ha transformado en pasto para el ganado y los investigadores de Chalmers señalan que sustituir las hamburguesas por las judías probablemente no conduciría a un aumento de las tierras de cultivo.

La agricultura en las conversaciones sobre el clima de la ONU

Es evidente que cambiar lo que ponemos en el plato es solo una de las maneras de reducir el impacto climático de la dieta (aunque, para Estados Unidos, es seguramente una de las maneras más inmediatas y sencillas). Otras dos formas de abordar el problema son aumentar la productividad de la agricultura (aunque el ganado juega aquí un papel importante) y utilizar técnicas de mitigación del cambio climático como el cultivo de plantas de cobertura que almacenan carbono en el suelo.

Por otro lado, las conversaciones sobre cambio climático de la ONU cada vez dan mayor importancia a la agricultura cuando se habla de reducir las emisiones de gas. En la cumbre del Clima celebrada en Marrakech, por ejemplo, al menos 80 sesiones se relacionaban con esta actividad.

Pero no siempre ha sido así.

“La agricultura lleva mucho retraso”, declaró Craig Hanson, director del programa de alimentación, bosques y agua del World Resources Institute a los informativos de InsideClimate. “Es asombroso que haya costado tanto… pero finalmente nos estamos ocupando”.

Además, la ONU lanzó en 2014 la campaña por una Agricultura Inteligente dentro de la Alianza Global por el Clima. Pero sus esfuerzos parecen más centrados en ayudar a los agricultores a ser más productivos y resilientes para afrontar el cambio climático, mientras que el objetivo de reducir las contribuciones de la agricultura a los gases de efecto invernadero viene con la coletilla “cuando sea posible”.

Habrá que ver el énfasis que se haga en la agricultura en las conversaciones sobre el clima de este año, en Bonn.

La salud global depende de la producción ganadera

La producción de ganadería intensiva, las factorías de carne, también ha centrado la atención de los expertos, tanto por sus consecuencias sobre el clima como por las que tiene sobre la salud pública. En mayo de este año, unos 200 expertos en áreas que van de la medicina a la climatología publicaron una carta abierta pidiendo al próximo director la OMS que abordara los efectos del cambio climático sobre la salud.

La carta decía: “Aunque muchas de las iniciativas anteriores acometidas para abordar la ganadería intensiva estaban relacionadas con el bienestar animal o cuestiones medioambientales, estamos convencidos de que la limitación del tamaño y de las prácticas adversas de la ganadería intensiva es fundamental para mejorar la salud global”.

Además del cambio climático, la carta pasa revista a la resistencia a los antibióticos y al aumento de la obesidad y las enfermedades no infecciosas (como la diabetes) entre las repercusiones negativas de la ganadería intensiva. La carta continúa diciendo:

“El cambio climático no reconoce fronteras, ni tampoco lo hacen las enfermedades infecciosas resistentes a los medicamentos. A pesar de ser los que menos contribuyen a la carga global de las actividades ganaderas, los países más pobres del mundo son los más vulnerables al aumento del nivel del mar, a los desastres naturales causados por el cambio climático, a la inseguridad alimentaria y a las enfermedades infecciosas”.

Como nota positiva, el nuevo director de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus señaló como una de sus prioridades la de abordar el impacto del cambio climático y medioambiental sobre la salud.

Claro que la OMS llevaba tiempo vigilando el tema. Esta agencia de la ONU actualizó en 2014 su informe sobre los impactos en la salud del cambio climático, publicado por primera vez en 2000. La última versión afirma que “se estima que, entre 2030 y 2050, el cambio climático causará alrededor de 250.000 muertes adicionales al año”. La organización cita la malnutrición infantil, la malaria, la diarrea (por falta de agua potable) y la exposición al calor como las principales causas de estas muertes. No obstante, probablemente subestima el alcance del impacto del cambio climático sobre la salud.

Por si fuera poco, cambiar el modo de producir la carne que nos comemos no aborda necesariamente su huella climática. El economista medioambiental Fredrik Hedenus de la Universidad de Chalmers es autor de diversos estudios sobre las contribuciones al clima del vacuno y los productos lácteos mencionados más arriba. Según este autor, la carne producida mediante ganadería extensiva no mejora las emisiones en relación con la ganadería intensiva. Pero, por otro lado, si no existiera la ganadería industrial no sería posible mantener un consumo de carne tan elevado.

El mundo ya está sintiendo los efectos del cambio climático tras aumentar de promedio 1ºC por encima de la temperatura existente antes de que comenzáramos a quemar ingentes cantidades de carbón, petróleo y gas. Dada la situación en la que nos encontramos, con escasas posibilidades de evitar un “peligroso” calentamiento global, la ciencia sugiere que no podemos permitirnos dejar fuera de la mesa de negociaciones a la alimentación y a la agricultura y la ganadería.

Nota:

* En inglés el nombre de la campaña es “Keep it in the Cow”, a semejanza de la otra: “Keep it in the Ground”, (N. del T.)

Fuente: https://www.desmogblog.com/2017/08/31/meeting-paris-goals-means-dealing-climate-impacts-meat-agriculture

Pacto de Milán. Nuevas tendencias en los sistemas alimentarios urbanos

Compartimos con vosotras/os las reflexiones realizadas por Surcos Urbanos y Madrid Agroecológico sobre la potencialidad las nuevas políticas urbanas alimentarias para iniciar una transición agroecológica en nuestros territorios.

Vivir sin carne

Ya es hora de que nos preguntemos si es posible seguir comiendo tanta proteína animal y de tan mala calidad. Algunos así lo hacemos.

Fuente: El Periódico

Autora: Esther Vivas

 

Mi abuela a veces me contaba las batallas de la guerra y la posguerra, y cómo en esos años pasó hambre. No tenía qué comer e incluso en más de una ocasión, cuando de manera inusual le habían servido un plato de carne… de conejo, en realidad, como averiguó tiempo después, lo que estaba comiendo era gato. Ya lo dicen ya, qué fácil es vendernos gato por liebre. Si antes faltaba carne, hoy a menudo sobra.

Mucho han cambiado las cosas en poco tiempo, y nos hemos convertido en consumidores compulsivos de proteína animal. En el Estado español, entre los años 60 y 90 su ingesta se multiplicó por cuatro, según datos del Ministerio de Agricultura, y aunque en los últimos tiempos la tendencia se ha estancado e incluso reducido, la cifra de 50 kilos de carne consumidos por persona y año se sitúa muy por encima de lo que recomienda la OMS. Los escándalos alimentarios, una mayor preocupación sobre lo que comemos y la crisis económica, que ha dificultado a determinados colectivos el acceso a alimentos frescos y de calidad o la compra de carne y pescado, han empujado hacia una reducción de su consumo.

 

Una ‘adicción’ que sale cara al planeta

A escala global, las cifras no han hecho sino aumentar, en particular en los países del sur, y especialmente en Asia, donde las proyecciones de la OCDE y la FAO apuntan a un incremento del 26% de aquí al 2023, mientras que en Europa y América del Norte, donde la demanda ya de por sí es alta, su crecimiento será débil. En la India, por ejemplo, un país eminentemente vegetariano pero con una tendencia al alza, comer carne se ha convertido en un práctica que da prestigio y estatus social.

Nuestra adicción al consumo de carne sale cara al planeta. Un dato: para producir un kilo de carne bovina se necesitan 15.000 litros de agua, y no porque las vacas beban mucho sino porque la consumen indirectamente con lo que comen (granos y especialmente forraje). ¿Una piscina pequeña para obtener cuatro filetes de ternera? Un sinsentido. En cambio, producir un kilo de trigo requiere poco más de 1.000 litros de agua y un kilo de patatas 255 litros, según datos del Atlas de la Carne. Hagan números. Y si el consumo de carne sigue creciendo, como se prevé, la cantidad de agua necesaria para alimentar a la ganadería intensiva (que necesita mucha más agua que la que pasta en el exterior) se duplicará a mediados de este siglo. Y no todo el mundo puede permitirse comprar un trozo de carne.

 

¿El hambre se debe a que no tenemos comida o a que no podemos acceder a ella?

Los costes sociales son también elevados. Un tercio de las tierras de cultivo y un 40% de la producción de cereales en el mundo se destinan a la cría industrial de gallinas, cerdos, vacas… en lugar de dar directamente de comer a la gente. Se calcula que unos 3.500 millones de personas, la mitad de los habitantes del planeta, podrían nutrirse con lo que consumen estos animales, según datos del Grupo ETC. Una pregunta resulta ineludible: ¿el hambre se debe a que no tenemos comida o a que no podemos acceder a ella?

La calidad de la carne deja mucho que desear. Sin ir más lejos, la OMS aseguraba en el 2015 que el consumo de carne roja y procesada puede causar cáncer colorrectal, de páncreas y de próstata principalmente, y que dichas posibilidades aumentan con la cantidad ingerida. Además, hoy en día se suministran a escala global más antibióticos a animales sanos que a personas enfermas, con el objetivo de que sobrevivan a unas condiciones insalubres de confinamiento hasta llegar al matadero. Los animales dejan de ser considerados seres vivos para convertirse en objetos y mercancías. La distancia entre el campo y el plato se ha hecho tan grande que ya no somos conscientes de que tras un plato de lasaña, una loncha de jamón o incluso una pechuga de pollo había vida.

 

Industria concentrada en pocas manos

Tras este modelo, sin embargo, hay quien sale ganando, y mucho. La industria ganadera concentra su poder cada vez en menos manos, en detrimento de los pequeños agricultores, el bienestar animal, la salud de los consumidores y del medioambiente y los derechos laborales. Aquí en Catalunya casi tenemos tantas cabezas de cerdo como de personas, con el impacto tan negativo que esto genera en el territorio, como viene denunciando desde hace años el Grup de Defensa del Ter. Las protestas recientes de los trabajadores del sector cárnico en Osona apuntan también a la alta precariedad del sector.

¿Qué podemos hacer? Ya va siendo hora de que nos preguntemos si es posible seguir comiendo tanta carne y de tan mala calidad. La ganadería campesina, ecológica y a pequeña escala es una alternativa, pero también es posible vivir sin carne. Algunos así lo hacemos.

Recursos para una alimentación saludable y ecológica

Antes del descanso estival, os enviamos la recopilación de rescursos elaborada por la Red de Escuelas por un Mundo Rural Vivo sobre alimentación saludable y sostenible. La podéis consultar aquí.

Se trata de una extensa recopilación acompañada de un pequeño párrafo introductorio que ayuda a entender cada uno de los recursos. Sin duda, es un material de mucha utilidad. Su único problema es que carece de buscadores y orden, por lo que puede ser difícil encontrar los materiales que se necesitan.

Jornadas internacionales sobre comedores escolares saludables y sostenibles.

Cada vez son más las Administraciones que recurren a la compra pública alimentaria para fomentar la producción y el consumo de alimentos ecológicos o procedentes de producciones pequeñas y medianas enraizadas en el tejido local. En el caso de los comedores escolares, pueden además convertirse en un espacio privilegiado para impulsar la ecologización de los currículos y las prácticas educativas a través de la universalización de hábitos alimentarios saludables y sostenibles.

Estas jornadas son una oportunidad perfecta para conocer de primera mano las iniciativas que se están impulsando en distintos lugares, tanto de otros países europeos como en nuestra propia geografía. Un momento de inspiración y reflexión para las comunidades educativas de la Comunidad de Madrid. Un espacio de diálogo, encuentro y organización para seguir avanzando hacia comedores escolares saludables y sostenibles.

La transición hacia comedores escolares saludables y sostenibles

6 junio. 18.00 h
La Casa Encendida

¿Qué está sucediendo en los comedores escolares de Europa? ¿Tenemos preocupaciones y propuestas similares? ¿Qué podemos aprender de otras ciudades como Roma o Viena? ¿Es viable incluir medidas favorables al uso de alimentos de producción ecológica certificada, ingredientes frescos y de temporada, producciones con marcas de calidad vinculadas a territorios determinados?

Tanto la Directiva sobre contratación pública (2014/24/EU) como múltiples proyectos respaldados por instituciones comunitarias, vienen desde hace años resaltando el enorme potencial de la compra pública alimentaria como herramienta para, entre otros, fomentar buenos hábitos alimentarios, apoyar al empleo local, reducir los impactos ambientales negativos de la producción agroalimentaria o fomentar la innovación social.

Resulta destacable el papel de los municipios a la hora de desarrollar iniciativas novedosas con objetivos de mejora ecológica, de la equidad social, nutricionales y de salud. Así que no podemos dejar pasar la oportunidad de conocer una síntesis de las experiencias internacionales de referencia, con diversos modelos y formas de gestión que pueden ayudarnos a repensar nuestra propia realidad.

Introducción: Fundación Daniel y Nina Carasso.

Interviene: Roberta Soninno, profesora de la Universidad de Cardiff e investigadora en geografías alimentarias, especializada en sistemas alimentarios locales y compra pública alimentaria. Autora de libros como The School Food Revolution: Public Food and the Challenge of Sustainable Development.

Modera: Cooperativa Garúa.

Charlar en torno a la mesa del comedor

7 junio. 18.00 h
La Casa Encendida

Una mesa redonda con personas que dinamizan algunas de las iniciativas de cambio por unos comedores escolares saludables y sostenibles en nuestra geografía.

Mesa redonda de iniciativas en torno a los comedores escolares saludables y sostenibles y debate abierto con el público.

Intervienen: Julia del Valle, Plataforma Ecocomedores-Madrid; Sarai Fariñas, CERAI-Valencia, y Pablo Alconchel, Plataforma comedores escolares públicos de calidad en Aragón.

Reducir el despilfarro de comida

Fuente original: Ecologistas en Acción

Si el despilfarro de comida fuera un país, sería el tercer mayor emisor de carbono después de EE UU y China. Mientras 800 millones de personas pasan hambre, alrededor del tercio de toda la comida producida para el consumo humano en el mundo, unos 1.300 millones de toneladas, se desecha o se pierde.

Se estima que se tiran 88 millones de toneladas de comida cada año en la UE, suficiente para alimentar más de nueve veces a los 55 millones de personas que sufren pobreza alimentaria en Europa. E incluso distribuyendo ese excedente de comida entre los necesitados, seguiríamos teniendo sobreproducción.

Mientras tanta gente pasa hambre o está malnutrida, tirar la comida es moralmente condenable y una pérdida de unos recursos valiosos y escasos (agua, suelo y combustible) necesarios para producirla.

¿Cuál es la situación?

Además de la enorme cantidad de comida que se tira al año en los hogares, en todas las fases de la producción de alimentos se generan residuos, desde los productos agrícolas perfectamente comestibles que se dejan sin cosechar en el campo hasta las existencias no vendidas descartadas por los supermercados.

Tirar comida en buen estado es desperdiciar una gran cantidad de energía y recursos naturales necesarios para producirla, congelarla, almacenarla y transportarla. Además, gestionar estos residuos de comida requiere más energía y recursos.

Mientras la industria del envasado asegura que los envases evitan que se estropee la comida, los datos muestran que se desperdiciaba menos antes de que los envases de un solo uso empezaran a proliferar en las tiendas. Ingentes cantidades de comestibles sin abrir siguen acabando en los vertederos a pesar de su abundante embalaje.

La confusión de los consumidores en cuanto al etiquetado ‘consumir preferentemente antes de’ también contribuye a este evitable despilfarro.

Objetivos de desarrollo sostenible (SDG)

La Unión Europea se comprometió a nivel internacional a reducir el despilfarro de comida firmando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDG), que no son vinculantes y que solamente se refieren al consumo posterior, es decir, a la comida desechada por minoristas, consumidores y consumidoras.

Hay que poner más énfasis en prevenir en primer lugar el descomunal despilfarro de alimentos durante la producción primaria, la distribución y el procesado.

El único modo de saber dónde están los puntos negros en las cadenas de suministro europeas y poder priorizarlos en consecuencia, es contar con una estimación fiable y armonizada del recorrido de la granja a la mesa y con objetivos de reducción vinculantes.

Casos de estudio

En Francia los supermercados se enfrentan a multas de hasta 75.000 € si tiran comida en buen estado, deben donarla a asociaciones benéficas. En Italia se incentiva a los establecimientos para que donen la comida que sobre. Aunque estas medidas van en la dirección correcta, no encaran el principal problema, que es la sobreproducción de la industria alimentaria.

Dinamarca ha reducido el despilfarro de comida en un 25 % en cinco años y actualmente todos los supermercados del país tienen una estrategia de reducción al respecto.

La jerarquía del despilfarro de comida

Las estrategias de Residuo Cero que priorizan la prevención, la reutilización, el reciclaje y el compostaje están ganando importancia. Y el despilfarro de comida no es una excepción.

Una jerarquía de residuos es un sistema que clarifica el orden de prioridad para prevenir y gestionar los residuos. El despilfarro de comida tiene su propia jerarquía, teniendo en cuenta que no se puede gestionar igual que los residuos domésticos normales.

Favorecer las opciones preferibles de la jerarquía aseguraría que los alimentos se usan para un propósito ambiental y socialmente útil.

Recomendaciones políticas

– Introducir una clara definición del despilfarro de comida en la legislación europea que incluya el de la producción primaria.

– Comprometerse de modo vinculante a reducir el despilfarro de comida un 30 % en 2025 y un 50 % en 2030 en todos los Estados miembro. Esto significa que se debe incluir también lo que se desperdicia durante la producción primaria, la elaboración y la distribución.

– Apoyar la jerarquía específica del despilfarro de comida antes que confiar en la jerarquía genérica de residuos.

– Establecer recomendaciones a nivel de la UE sobre cómo cumplir con los objetivos de reducción y desarrollar una metodología común tanto para medir como para prevenir el despilfarro de comida.

– Extender medidas para evitar el despilfarro de comida a escala minorista (ver Francia, Italia y Dinamarca) en todos los Estados miembro.

– Apoyar las políticas que promuevan la producción local y de temporada.

– Priorizar criterios de prevención en la compra pública de comida y de servicios de cáterin.

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