Alimentando otros modelos

Comedores escolares agroecológicos FUHEM

Etiqueta: carne

Fallo de los premios del II Concurso de recetas saludables, justas y ecológicas

Ayer tuvo lugar en Hipatia la final del II Concurso de recetas saludables, justas y ecológicas. El desafío de cocinar (algunos días) sin productos animales.

El premio de la temporada de otoño-invierno lo consiguieron Víctor Redondo y Jorge Lafuente, alumnos del aula Aleph-Tea del Colegio Hipatia con “Nuggets hipatienses con mayonesa”

El premio de la temporada de primavera lo consiguió Inés C. González, alumna del Colegio Lourdes, con “Albóndigas de berenjena con salsa de zanahoria”.

Enhorabuena a todas las personas que participaron os dejamos con algunas fotos del día y, por supuesto, con las recetas ganadoras.

Albóndigas de berenjena

Ingredientes para 4 personas:

  • 3 dientes de ajo.

  • 450 gramos de berenjena.

  • 1 cebolla pequeña.

  • 10 gramos de espinacas.

  • 1 cucharada de perejil picado.

  • 1 pizca de sal.

  • 1 vasito de agua.

  • 3 cucharadas de harina de garbanzos.

  • 4 cucharadas de pan rallado.

Preparación:

1. Pelar y cortar la berenjena en pequeños cubos, o bien triturar con ayuda de la batidora. Mientras tanto, precalentar el horno.

2. Cortar muy fina la cebolla, y sofreír en una sartén con un chorrito de aceite a fuego medio. Cuando comience a estar transparente añadir la pimienta y el ajo.

3. Incorporar la berenjena y un puñado de espinacas, a ser posible frescas o si no, congeladas (para descongelar, introducir en agua hirviendo y después escurrir).

4. Añadir sal al gusto y dejar que se fría durante unos diez minutos, removiendo de vez en cuando, luego apartar del fuego.

5. Mezclar la harina de garbanzo con el agua y el perejil y batir como si fuera un huevo. Añadir las verduras y 4 cucharadas de pan rallado para darle consistencia. Formar las albóndigas con las manos.

6. Pasar por pan rallado y colocar sobre una bandeja de horno forrada con papel especial. Hornear durante 10 minutos a 250º, o bien freír en abundante aceite y escurrir en papel de cocina.

Nuggets hipatienses con mayonesa

Ingredientes:

  • 2 tazas de coliflor hervida.

  • 1 patata mediana cocida.

  • 2 cucharadas soperas de avena en copos.

  • 1 cucharadita de postre de ajo en polvo.

  • 1/2 cucharadita de postre de cúrcuma.

  • 1 cucharadita de semillas de lino (opcional).

  • Pan rallado.

  • Sal.

  • Aceite de oliva.

Elaboración:

1.-Cocer 15 minutos la coliflor y la patata. Escúrrelas con cariño y pásalo por la batidora.

2.-Echa la avena, las semillas (opcional), la cúrcuma, el ajo y una pizca de sal. Batir hasta hacer una masa.

3.-Echa en un bol y añade dos cucharadas de pan rallado. Amasamos hasta que casi no se pegue en las manos.

4.-Forma los nuggets con la forma que desees y pásalos por pan rallado, fríe en una sartén con aceite bien caliente.

¡A comer!

Ingredientes para la mayonesa.

  • 1/4 taza de leche vegetal sin azúcar (preferentemente de soja).

  • 1/2 taza de aceite.

  • 1/4 cucharadita. de sal.

  • pizca de cúrcuma o colorante amarillo (opcional).

  • 1 diente de ajo.

  • 1 cucharada de jugo de limón.

Elaboración:

1.- Echar todo a la batidora.

2.- Se debe introducir la batidora hasta el fondo y empezar a batir.

3.- Cuando comience a mezclarse moverla arriba y abajo lentamente y luego más rápido. Si no cuaja agregar más limón y aceite. 

II Concurso de recetas saludables, justas y ecológicas. El desafío de cocinar (algunos días) sin productos animales

Desde FUHEM estamos haciendo una apuesta fuerte por tener comedores saludables, justos y ecológicos. Para todo ello, es importante la reducción de la ingesta de productos de origen animal ya que:

Pero nos está costando encontrar platos que gusten a todo el mundo que no tengan (o tengan muy pocos) productos de origen animal. Son solo dos días al mes los que tenemos con este criterio, pero queremos que nos salgan mejor.

En la primera edición de este concurso, los platos ganadores han sido introducidos en el menú, uno en la temporada de primarvera-verano “Gazpacho de sandía” y otro en la temporada de otoño-invierno “Espaguettis con salsa Alfredo” las dos recetas las hemos incluído como primer plato del menú.

Así que, para esta segunda edición del concurso, os animamos a presentar recetas saludables, justas, ecológicas y ricas, para el segundo plato del menú.

Bases del concurso

Objetivo

Preparar un segundo plato que atienda a las siguientes características:

  • Todos los productos deben ser de temporada (se puede escoger el mes del año que se quiera). Se puede consultar un calendario de temporada aquí.

  • Los productos tienen que poder producirse en la Península ibérica y en ecológico.

  • Los platos tienen que ser sencillos para poder ser elaborados en una cocina de un comedor escolar, pensad en la cantidad de menús que se sirven cada día, y gustar al máximo posible de personas. Para ello, es deseable que formen parte de la dieta mediterránea.

Os invitamos también a mostrar toda vuestra creatividad en los nombres y las explicaciones de los platos.

Premios

Tendremos dos premios (comunes para todos los centros de FUHEM):

  • Temporada de primavera-verano

  • Temporada de otoño-invierno

El premio consistirá en que esos platos serán incorporados (en la medida de las posibilidades técnicas y económicas) a los menús servidos en FUHEM.

Fases

El concurso constará de dos fases:

  • Fase inicial: presentación de recetas por escrito. Se deberá de enviar el nombre de la receta y la explicación de la misma acompañada de los siguientes datos de la persona participante: nombre completo, teléfono, correo electrónico y nombre del Centro FUHEM al que pertenece. Las recetas se deberán enviar a lgonzalez@fuhem.es. El plazo de presentación concluirá el 12 de marzo.

  • Fase final: En el mes de abril, se comunicará con antelación el día y la hora, las personas cuyas recetas hayan llegado a la final, pasarán a la acción elaborando la receta en las cocinas de la Escuela de Hostelería de Hipatia (Rivas) con la ayuda del alumnado del ciclo de restauración de Hipatia, elaborarán los platos.

Participantes:

Podrá concursar cualquier miembro de la comunidad educativa de FUHEM (alumnado, familias, profesorado, PAS).

Jurado:

  • Representación de los equipos de cocina que trabajan en FUHEM.

  • Representación del profesorado del ciclo de restauración de Hipatia.

  • Representación del alumnado del ciclo de restauración de Hipatia.

  • Representación del alumnado que come habitualmente en los comedores de FUHEM.

¿Qué sabemos de lo que comemos?

El próximo 16 de octubre es el Día Mundial de la Alimentación. La efeméride supone una excusa como cualquier otra para iniciar un trabajo en profundidad sobre estos temas centrales en nuestra vida y en los currículos escolares. Reproducimos a continuación la entrada publicada hoy en el blog tiempodeactuar.es al respecto.

Os presentamos dos recursos. El primero solo lo enunciamos, es la guía Alimentar otros modelos. Guía didáctica sobre alimentación sostenible elaborada por FUHEM y Garúa. Se puede adquirir aquí. En otra entrada específica entraremos en ella, aunque ya hemos ido desgranando algunas de las técnicas que contiene. Por ejemplo, Mi mercado ecológico, Disfruta la fruta ecológica, Queremos chuches o una colección de 6 paneles sobre agoecología.

En esta entrada nos vamos a centrar en el material ¿Qué sabemos de lo que comemos? de Ecologistas en Acción y los MRP. Este documento forma parte del proyecto 99 Preguntas y 99 Experiencias para aprender a vivir en un mundo justo y sostenible, que tiene como objetivo la construcción de una nueva cultura de la Tierra necesaria y urgente para enfrentar un futuro que minimice la profunda crisis ecosocial que afectará a nuestras vidas y de la que la educación no puede dar la espalda. Frente a las propuestas curriculares que enumeran contenidos incuestionables, este proyecto trata de preguntas que cuestionen las “certezas” que nos transmite el pensamiento único.

La propuesta didáctica se estructura alrededor de 8 preguntas clave:

  • ¿Qué huella material tienen nuestros alimentos?
  • ¿Qué diferencias hay entre la agroecología y la agricultura y ganadería industrial?
  • ¿Puede ser generalizable a toda la población mundial las tasas de consumo de carne de los países enriquecidos?
  • ¿Quién controla la alimentación global?
  • ¿Cómo influye el sistema financiero en el precio de los alimentos?
  • ¿Qué es la soberanía alimentaria?
  • ¿Cómo será el sistema alimentario del futuro?
  • ¿Qué podemos hacer para reducir el impacto de nuestra alimentación?

En cada una de ellas, se proponen actividades que permiten responder a dichas preguntas y materiales de apoyo para profundizar. En las actividades se indica el nivel para el que están diseñadas.

Por ejemplo, ante la pregunta ¿Puede ser generalizable a toda la población mundial las tasas de consumo de carne de los países enriquecidos? Una de las actividades que se proponen es:

Mundo carnívoro

Calcular los efectos sobre el cambio climático, la ocupación del territorio, el consumo de agua, el sufrimiento animal, el cultivo de piensos para ganado,… del consumo de carne a escala global. De Primaria a Bachillerato.

Otro ejemplo serían una de las actividades acopladas a la pregunta ¿Cómo influye el sistema financiero en el precio de los alimentos?:

Analizar la fluctuación de precios de los alimentos en bolsa

Investigar los motivos de la espectacular subida de precios del maíz, arroz, trigo y soja en 2008. Analizar los productos que salen en la gráfica.

¿Cuáles tienen interés para la generación de agrocombustibles? ¿Cuáles se utilizan para piensos para el ganado? ¿Qué efectos tiene esto sobre la distribución mundial de alimentos destinados a las personas? ¿Tiene como objetivo la justa distribución de los alimentos? ¿A quién beneficia todo esto? Bachillerato.

Además de estas 8 preguntas clave, el documento también desarrolla muchas otras:

  • ¿Cuantos kilómetros viajan nuestros alimentos?
  • ¿Qué tiene que ver nuestra alimentación y el cambio climático?
  • ¿Qué sabemos del ciclo de vida de nuestros alimentos?
  • ¿Qué sentido tiene el vegetarianismo?, ¿y el veganismo?
  • ¿Es sostenible nuestro consumo de pescado?
  • ¿Por qué es importante la biodiversidad en nuestra alimentación?
  • ¿Quién controla los mercados de semillas?
  • ¿Por qué se desechan alimentos en buen estado?
  • ¿Qué es el acaparamiento de tierras?
  • ¿Cuál es el papel de las mujeres en la producción mundial de alimentos?
  • ¿Por qué hay hambre en el mundo?
  • ¿Cómo se alimentan las diferentes culturas?
  • ¿Dónde compramos los alimentos?
  • ¿Es saludable nuestra alimentación?
  • ¿Qué son los cultivos transgénicos?
  • ¿Cómo ha cambiado la agricultura a través de la historia?

La guía concluye con tres experiencias que permiten ir más allá de la teoría:

  • Huertos escolares agroecológicos.
  • Comedores escolares ecológicos.
  • Manos a la obra: creando alternativas en alimentación.

En las tres experiencias dan guías prácticas de cómo abordar estos temas. Por ejemplo, en la última se presentan los IPC (Ingenios de Producción Colectiva) relacionados con la alimentación.

 

Otros recursos relacionados con la alimentación

La alimentación es un tema que abordamos con profusión en el blog. Podéis encontrar todas las entradas relacionadas aquí. Destacamos algunas (más allá de las nombradas más arriba):

Es preciso abordar el impacto del consumo de carne sobre el clima

Desmog

Los grupos ecologistas insisten en la necesidad de paralizar la apertura de nuevos yacimientos de petróleo, carbón y gas, pues la sola explotación de los proyectos de combustibles fósiles actuales ya nos situaría por encima del Acuerdo sobre Cambio Climático de París 2015, destinado a limitar el calentamiento global a menos de 2ºC. De hecho, existe todo un movimiento basado en el lema “Dejadlo bajo tierra” que persigue esta idea.

Dado que la Casa Blanca ha renovado su apoyo a los combustibles fósiles, y tomando en cuenta los resultados de algunos informes, quizás tengamos que centrarnos en la batalla por “Dejadlo en la vaca”*. Según predicen los expertos, y si seguimos con la tendencia actual, la actividad agrícola será responsable de casi la mitad de las emisiones de carbono para 2050 si queremos mantenernos por debajo de los 2ºC de calentamiento.

Según la Universidad Chalmers de Tecnología de Suecia, esa es la perspectiva que tenemos por delante a menos que el mundo disminuya su consumo de carne, especialmente de ganado vacuno y otros rumiantes. La cría de rumiantes produce grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono, aunque con una vida más reducida.

Una forma de considerar el problema es la que propone el movimiento global “Lunes sin carne”. Pero el citado estudio muestra que el impacto de la dieta en el cambio climático no depende tanto la cantidad de carne que comemos, sino de cuánta es de res o de cordero y de la cantidad de productos lácteos.

Un estudio de 2017 de la citada universidad concluye que “pasar de una dieta basada en carne de rumiante a una dieta de carne de animales monogástricos (pollo, cerdo) reduce las emisiones [de metano] casi en la misma cantidad que pasar a una dieta completamente vegana”. Investigadores de la Universidad de Oxford llegaron a las mismas conclusiones en 2016, afirmando que el cambio a una dieta vegetariana podría reducir las emisiones de gases invernadero en 2/3.

(Por supuesto, el veganismo es una opción. Pero tanto los huevos como los productos lácteos tienen la mitad de impacto en el cambio climático que el consumo de pollo y vacuno).

Es preciso señalar que muchos de estos estudios no toman en cuenta los cambios en el uso del suelo que supone el consumo de las diferentes dietas. Pero la FAO calcula que el 70 por ciento de la selva amazónica se ha transformado en pasto para el ganado y los investigadores de Chalmers señalan que sustituir las hamburguesas por las judías probablemente no conduciría a un aumento de las tierras de cultivo.

La agricultura en las conversaciones sobre el clima de la ONU

Es evidente que cambiar lo que ponemos en el plato es solo una de las maneras de reducir el impacto climático de la dieta (aunque, para Estados Unidos, es seguramente una de las maneras más inmediatas y sencillas). Otras dos formas de abordar el problema son aumentar la productividad de la agricultura (aunque el ganado juega aquí un papel importante) y utilizar técnicas de mitigación del cambio climático como el cultivo de plantas de cobertura que almacenan carbono en el suelo.

Por otro lado, las conversaciones sobre cambio climático de la ONU cada vez dan mayor importancia a la agricultura cuando se habla de reducir las emisiones de gas. En la cumbre del Clima celebrada en Marrakech, por ejemplo, al menos 80 sesiones se relacionaban con esta actividad.

Pero no siempre ha sido así.

“La agricultura lleva mucho retraso”, declaró Craig Hanson, director del programa de alimentación, bosques y agua del World Resources Institute a los informativos de InsideClimate. “Es asombroso que haya costado tanto… pero finalmente nos estamos ocupando”.

Además, la ONU lanzó en 2014 la campaña por una Agricultura Inteligente dentro de la Alianza Global por el Clima. Pero sus esfuerzos parecen más centrados en ayudar a los agricultores a ser más productivos y resilientes para afrontar el cambio climático, mientras que el objetivo de reducir las contribuciones de la agricultura a los gases de efecto invernadero viene con la coletilla “cuando sea posible”.

Habrá que ver el énfasis que se haga en la agricultura en las conversaciones sobre el clima de este año, en Bonn.

La salud global depende de la producción ganadera

La producción de ganadería intensiva, las factorías de carne, también ha centrado la atención de los expertos, tanto por sus consecuencias sobre el clima como por las que tiene sobre la salud pública. En mayo de este año, unos 200 expertos en áreas que van de la medicina a la climatología publicaron una carta abierta pidiendo al próximo director la OMS que abordara los efectos del cambio climático sobre la salud.

La carta decía: “Aunque muchas de las iniciativas anteriores acometidas para abordar la ganadería intensiva estaban relacionadas con el bienestar animal o cuestiones medioambientales, estamos convencidos de que la limitación del tamaño y de las prácticas adversas de la ganadería intensiva es fundamental para mejorar la salud global”.

Además del cambio climático, la carta pasa revista a la resistencia a los antibióticos y al aumento de la obesidad y las enfermedades no infecciosas (como la diabetes) entre las repercusiones negativas de la ganadería intensiva. La carta continúa diciendo:

“El cambio climático no reconoce fronteras, ni tampoco lo hacen las enfermedades infecciosas resistentes a los medicamentos. A pesar de ser los que menos contribuyen a la carga global de las actividades ganaderas, los países más pobres del mundo son los más vulnerables al aumento del nivel del mar, a los desastres naturales causados por el cambio climático, a la inseguridad alimentaria y a las enfermedades infecciosas”.

Como nota positiva, el nuevo director de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus señaló como una de sus prioridades la de abordar el impacto del cambio climático y medioambiental sobre la salud.

Claro que la OMS llevaba tiempo vigilando el tema. Esta agencia de la ONU actualizó en 2014 su informe sobre los impactos en la salud del cambio climático, publicado por primera vez en 2000. La última versión afirma que “se estima que, entre 2030 y 2050, el cambio climático causará alrededor de 250.000 muertes adicionales al año”. La organización cita la malnutrición infantil, la malaria, la diarrea (por falta de agua potable) y la exposición al calor como las principales causas de estas muertes. No obstante, probablemente subestima el alcance del impacto del cambio climático sobre la salud.

Por si fuera poco, cambiar el modo de producir la carne que nos comemos no aborda necesariamente su huella climática. El economista medioambiental Fredrik Hedenus de la Universidad de Chalmers es autor de diversos estudios sobre las contribuciones al clima del vacuno y los productos lácteos mencionados más arriba. Según este autor, la carne producida mediante ganadería extensiva no mejora las emisiones en relación con la ganadería intensiva. Pero, por otro lado, si no existiera la ganadería industrial no sería posible mantener un consumo de carne tan elevado.

El mundo ya está sintiendo los efectos del cambio climático tras aumentar de promedio 1ºC por encima de la temperatura existente antes de que comenzáramos a quemar ingentes cantidades de carbón, petróleo y gas. Dada la situación en la que nos encontramos, con escasas posibilidades de evitar un “peligroso” calentamiento global, la ciencia sugiere que no podemos permitirnos dejar fuera de la mesa de negociaciones a la alimentación y a la agricultura y la ganadería.

Nota:

* En inglés el nombre de la campaña es “Keep it in the Cow”, a semejanza de la otra: “Keep it in the Ground”, (N. del T.)

Fuente: https://www.desmogblog.com/2017/08/31/meeting-paris-goals-means-dealing-climate-impacts-meat-agriculture

Vivir sin carne

Ya es hora de que nos preguntemos si es posible seguir comiendo tanta proteína animal y de tan mala calidad. Algunos así lo hacemos.

Fuente: El Periódico

Autora: Esther Vivas

 

Mi abuela a veces me contaba las batallas de la guerra y la posguerra, y cómo en esos años pasó hambre. No tenía qué comer e incluso en más de una ocasión, cuando de manera inusual le habían servido un plato de carne… de conejo, en realidad, como averiguó tiempo después, lo que estaba comiendo era gato. Ya lo dicen ya, qué fácil es vendernos gato por liebre. Si antes faltaba carne, hoy a menudo sobra.

Mucho han cambiado las cosas en poco tiempo, y nos hemos convertido en consumidores compulsivos de proteína animal. En el Estado español, entre los años 60 y 90 su ingesta se multiplicó por cuatro, según datos del Ministerio de Agricultura, y aunque en los últimos tiempos la tendencia se ha estancado e incluso reducido, la cifra de 50 kilos de carne consumidos por persona y año se sitúa muy por encima de lo que recomienda la OMS. Los escándalos alimentarios, una mayor preocupación sobre lo que comemos y la crisis económica, que ha dificultado a determinados colectivos el acceso a alimentos frescos y de calidad o la compra de carne y pescado, han empujado hacia una reducción de su consumo.

 

Una ‘adicción’ que sale cara al planeta

A escala global, las cifras no han hecho sino aumentar, en particular en los países del sur, y especialmente en Asia, donde las proyecciones de la OCDE y la FAO apuntan a un incremento del 26% de aquí al 2023, mientras que en Europa y América del Norte, donde la demanda ya de por sí es alta, su crecimiento será débil. En la India, por ejemplo, un país eminentemente vegetariano pero con una tendencia al alza, comer carne se ha convertido en un práctica que da prestigio y estatus social.

Nuestra adicción al consumo de carne sale cara al planeta. Un dato: para producir un kilo de carne bovina se necesitan 15.000 litros de agua, y no porque las vacas beban mucho sino porque la consumen indirectamente con lo que comen (granos y especialmente forraje). ¿Una piscina pequeña para obtener cuatro filetes de ternera? Un sinsentido. En cambio, producir un kilo de trigo requiere poco más de 1.000 litros de agua y un kilo de patatas 255 litros, según datos del Atlas de la Carne. Hagan números. Y si el consumo de carne sigue creciendo, como se prevé, la cantidad de agua necesaria para alimentar a la ganadería intensiva (que necesita mucha más agua que la que pasta en el exterior) se duplicará a mediados de este siglo. Y no todo el mundo puede permitirse comprar un trozo de carne.

 

¿El hambre se debe a que no tenemos comida o a que no podemos acceder a ella?

Los costes sociales son también elevados. Un tercio de las tierras de cultivo y un 40% de la producción de cereales en el mundo se destinan a la cría industrial de gallinas, cerdos, vacas… en lugar de dar directamente de comer a la gente. Se calcula que unos 3.500 millones de personas, la mitad de los habitantes del planeta, podrían nutrirse con lo que consumen estos animales, según datos del Grupo ETC. Una pregunta resulta ineludible: ¿el hambre se debe a que no tenemos comida o a que no podemos acceder a ella?

La calidad de la carne deja mucho que desear. Sin ir más lejos, la OMS aseguraba en el 2015 que el consumo de carne roja y procesada puede causar cáncer colorrectal, de páncreas y de próstata principalmente, y que dichas posibilidades aumentan con la cantidad ingerida. Además, hoy en día se suministran a escala global más antibióticos a animales sanos que a personas enfermas, con el objetivo de que sobrevivan a unas condiciones insalubres de confinamiento hasta llegar al matadero. Los animales dejan de ser considerados seres vivos para convertirse en objetos y mercancías. La distancia entre el campo y el plato se ha hecho tan grande que ya no somos conscientes de que tras un plato de lasaña, una loncha de jamón o incluso una pechuga de pollo había vida.

 

Industria concentrada en pocas manos

Tras este modelo, sin embargo, hay quien sale ganando, y mucho. La industria ganadera concentra su poder cada vez en menos manos, en detrimento de los pequeños agricultores, el bienestar animal, la salud de los consumidores y del medioambiente y los derechos laborales. Aquí en Catalunya casi tenemos tantas cabezas de cerdo como de personas, con el impacto tan negativo que esto genera en el territorio, como viene denunciando desde hace años el Grup de Defensa del Ter. Las protestas recientes de los trabajadores del sector cárnico en Osona apuntan también a la alta precariedad del sector.

¿Qué podemos hacer? Ya va siendo hora de que nos preguntemos si es posible seguir comiendo tanta carne y de tan mala calidad. La ganadería campesina, ecológica y a pequeña escala es una alternativa, pero también es posible vivir sin carne. Algunos así lo hacemos.

Tirando del hilo. La relación entre el comedor escolar y la solidaridad con las personas migrantes

Luis González Reyes

En los últimos cursos, todos los colegios de FUHEM se han caracterizado por la puesta en marcha de múltiples actividades de solidaridad con las personas migrantes y refugiadas. Esto se ha plasmado en carreras solidarias, marchas, recogidas de dinero y materiales o actividades de sensibilización. Pero también con cambios en nuestro patrón alimentario. En concreto, por la reducción de los productos de origen animal que comemos y la apuesta por la materia prima de producción ecológica.

¿Qué tienen que ver los migrantes senegaleses con nuestro comedor?

Sini era pescador en Senegal pero, conforme la pesca fue escaseando, decidió migrar para mantener una vida digna. La responsabilidad de los hábitos alimenticios españoles en todo esto no es menor.

Recogiendo datos publicados por La Marea, en 2015 Senegal y la UE firmaron un acuerdo por el que se permite a 38 buques europeos faenar en las aguas del país africano durante 5 años. 25 de esos barcos son españoles. Es decir, que el Gobierno impide la entrada de senegaleses, pero no de su pescado.
Pero el problema no es solo ese, sino lo que están suponiendo esos barcos en la sociedad senegalesa, pues allí la pesca es fundamental. Por ejemplo, en 2005 el sector pesquero daba trabajo directo a casi 60.000 personas, e indirectamente a diez veces más, además de ser una fuente básica de proteínas para la mayoría de la población. Pero esto ya no es así, pues la pesca industrial está acabando con los caladeros senegaleses (las capturas han descendido un 47% entre 1994 y 2005), con el sector (el empleo ha bajado un 50%) y, a la vez, contribuyendo a un alza de precios.

La pesca industrial de barcos europeos acaba con las especies porque usa artes muy agresivas (como la pesca de arrastre o los atractores de peces) y porque tiene una capacidad muy alta de capturas (se necesitarían más de 50 embarcaciones tradicionales faenando un año entero para capturar lo mismo que un buque arrastrero captura y procesa en un solo día). Y esto por no hablar de la pesca ilegal, que es común en toda la costa de África Occidental, donde está valorada en 828-1.600 millones de dólares al año.

Por todo ello, cuando en nuestro colegio estamos sirviendo pescados capturados cerca de la Península ibérica y reduciendo la cantidad de productos de origen animal (entre ellos pescado), también estamos luchando por la dignidad de quienes habitan en Senegal. Esto contribuye a que, quienes quieran venir a España, lo hagan como opción y no por necesidad.

¿Y las refugiadas sirias?

Houda es una de las miles de sirias atrapadas en un campo de refugiados/as que intenta vivir en Europa. Nuevamente, nuestros hábitos alimentarios tienen que ver con lo que está viviendo Houda.

Siguiendo informaciones aparecidas en eldiario.es, podemos ver que la situación siria tiene detrás múltiples desencadenantes. Entre ellos, está la terrible sequía que sufrió en los años previos al conflicto, concretamente entre 2006 y 2011. El 60% del territorio sirio sufrió una de las mayores sequías que han azotado la región desde el inicio de la agricultura. A esto se sumó que el régimen estuvo incentivando el cultivo de algodón y trigo en regadío, lo que agotó los acuíferos del subsuelo y las reservas en superficie. Este último proceso fue especialmente intenso entre 2002 y 2008.

Una de las consecuencias de la sequía fue que, en el noroeste del país, alrededor del 75% del campesinado perdió sus cosechas y el 85% del ganado falleció afectando a unos 1,3 millones de personas. De este modo, la sequía fue un factor clave en el desplazamiento de población desde el campo hacia las ciudades, donde crecieron los núcleos de población empobrecida. Se calcula que este éxodo fue de unas 800.000 personas desde 2010. De este modo, el empobrecimiento y el desarraigo, sumados a la falta de libertades, se hicieron insostenibles conforme la crisis ambiental, que acrecentó la económica, se fue exacerbando. A esto se sumaron los intereses de potencias extranjeras. Todo esto devino en la guerra civil actual y la crisis humanitaria de refugiados/as.

Aunque no se puede afirmar con total seguridad que esta sequía estuviese causada por el calentamiento global, este tipo de fenómenos son justo los que predicen los modelos manejados por el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) para esta zona del Mediterráneo.
¿Y qué tiene todo esto que ver con nuestro comedor? Pues resulta que distintos estudios plantean que alrededor del 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático pueden estar relacionadas con el modelo de alimentación industrial y fuertemente carnívoro. En cambio, la producción ecológica y dientas con menos consumo de productos animales pueden llegar incluso a reducir la concentración de gases de efecto invernadero. Así, el modelo alimentario de nuestro comedor es otra forma de favorecer que situaciones como la de Siria no se repitan y las personas no tengan que salir de sus hogares buscando refugio.

Miguel Ángel Martínez-González, el sabio de la dieta mediterránea

Cristina Galindo

 

Reproducimos esta entrevista aparecida en El País Semanal recientemente.

Es uno de los cerebros del mayor proyecto científico sobre dieta mediterránea, sus efectos en la salud y en la obesidad, la gran pandemia del siglo XXI. Este catedrático de la Universidad de Navarra, profesor visitante en Harvard, explica cómo lograr una sociedad más sana y alerta sobre las tácticas agresivas de algunas empresas alimentarias.

SE TARDA MENOS de dos minutos en darse cuenta de que el doctor Miguel Ángel Martínez-González predica con el ejemplo. Sube a pie las escaleras de la facultad hasta el segundo piso en el que imparte una clase de bioestadística a futuros médicos, toma el café sin azúcar y, en un menú de restaurante que ofrece como alternativa lentejas, pasta y carne, elige sin dudar las legumbres. Lleva más de dos décadas buscando evidencia científica que apoye las bondades atribuidas por la tradición a la dieta mediterránea.

Este catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra, y desde junio también catedrático visitante de Harvard, es uno de los cerebros del ensayo Predimed, el más amplio realizado hasta ahora sobre los efectos de la dieta originaria del sur de Europa: el seguimiento de una cohorte integrada por 7.500 participantes reclutados en toda España durante una década ha demostrado que esta reduce en un 66% los problemas circulatorios, en un 30% los infartos e ictus y en un 68% el riesgo de cáncer de mama.

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Exposición de paneles “Alimentar el cambio”

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Tenemos el gusto de compartir con vosotras/os la exposición “Alimentar el cambio”, realizada en el marco del proyecto “Fomento de la alimentación saludable y sostenible en centros educativos de la Comunidad de Madrid”, impulsado por la cooperativa Garúa y por FUHEM, y  financiado por la Fundación Daniel y Nina Carasso.

El objeto de la exposición es servir de apoyo a los centros escolares que están realizando una apuesta por la comida ecológica y saludable. Cada uno de los seis paneles que la componen aborda uno de los siguientes temas:

  • Agricultura ecológica.
  • Alimentos locales.
  • Del campo al plato.
  • Alimentos de temporada.
  • Alimentos saludables.
  • ¿Qué podemos hacer en un colegio?

Os los podéis descargar para imprimir o proyectar. También nos podéis pedir los archivos en alta resolución. Además, la exposición está disponible para que la podáis usar en vuestro centro escolar.

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EN CARNE VIVA. ¿Por qué reducir el consumo de alimentos de origen animal es bueno para nuestra salud, el medio ambiente y la justicia social?

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A raíz de los debates suscitados por la implantación del DIA + SOSTENIBLE (un día sin proteina de origen  animal en el comedor) desarrollamos, en mayor profundidad que otras comunicaciones previas, la problemática socioambiental (salud, economía, medio ambiente) del consumo elevado de productos de ganadería y pesca industrial. También esbozamos algunas pistas para practicar un consumo responsable y saludable de alimentos de origen animal. Seguir leyendo

V Diálogo Ecosocial: ¿Comer es un acto peligroso?

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“¿Comer es un acto peligroso? Entre mitos, verdades y alertas, el cuestionamiento de nuestros modelos alimentarios”, es el título de un acto organizado para el 27 de enero a las 18:00h y moderado por Monica Di Donato de FUHEM Ecosocial. La pretensión es establecer un diálogo entre actores de diferentes ámbitos y esferas para entender cuáles son las consecuencias para la salud y el medio ambiente de determinadas elecciones alimentarias, cuáles son las percepciones y la evolución de las actitudes de los consumidores en la elección de la comida y cuáles son las posibilidades y los problemas en canales de producción alternativos a los convencionales. Seguir leyendo