Alimentando otros modelos

Comedores escolares agroecológicos FUHEM

Es preciso abordar el impacto del consumo de carne sobre el clima

Desmog

Los grupos ecologistas insisten en la necesidad de paralizar la apertura de nuevos yacimientos de petróleo, carbón y gas, pues la sola explotación de los proyectos de combustibles fósiles actuales ya nos situaría por encima del Acuerdo sobre Cambio Climático de París 2015, destinado a limitar el calentamiento global a menos de 2ºC. De hecho, existe todo un movimiento basado en el lema “Dejadlo bajo tierra” que persigue esta idea.

Dado que la Casa Blanca ha renovado su apoyo a los combustibles fósiles, y tomando en cuenta los resultados de algunos informes, quizás tengamos que centrarnos en la batalla por “Dejadlo en la vaca”*. Según predicen los expertos, y si seguimos con la tendencia actual, la actividad agrícola será responsable de casi la mitad de las emisiones de carbono para 2050 si queremos mantenernos por debajo de los 2ºC de calentamiento.

Según la Universidad Chalmers de Tecnología de Suecia, esa es la perspectiva que tenemos por delante a menos que el mundo disminuya su consumo de carne, especialmente de ganado vacuno y otros rumiantes. La cría de rumiantes produce grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono, aunque con una vida más reducida.

Una forma de considerar el problema es la que propone el movimiento global “Lunes sin carne”. Pero el citado estudio muestra que el impacto de la dieta en el cambio climático no depende tanto la cantidad de carne que comemos, sino de cuánta es de res o de cordero y de la cantidad de productos lácteos.

Un estudio de 2017 de la citada universidad concluye que “pasar de una dieta basada en carne de rumiante a una dieta de carne de animales monogástricos (pollo, cerdo) reduce las emisiones [de metano] casi en la misma cantidad que pasar a una dieta completamente vegana”. Investigadores de la Universidad de Oxford llegaron a las mismas conclusiones en 2016, afirmando que el cambio a una dieta vegetariana podría reducir las emisiones de gases invernadero en 2/3.

(Por supuesto, el veganismo es una opción. Pero tanto los huevos como los productos lácteos tienen la mitad de impacto en el cambio climático que el consumo de pollo y vacuno).

Es preciso señalar que muchos de estos estudios no toman en cuenta los cambios en el uso del suelo que supone el consumo de las diferentes dietas. Pero la FAO calcula que el 70 por ciento de la selva amazónica se ha transformado en pasto para el ganado y los investigadores de Chalmers señalan que sustituir las hamburguesas por las judías probablemente no conduciría a un aumento de las tierras de cultivo.

La agricultura en las conversaciones sobre el clima de la ONU

Es evidente que cambiar lo que ponemos en el plato es solo una de las maneras de reducir el impacto climático de la dieta (aunque, para Estados Unidos, es seguramente una de las maneras más inmediatas y sencillas). Otras dos formas de abordar el problema son aumentar la productividad de la agricultura (aunque el ganado juega aquí un papel importante) y utilizar técnicas de mitigación del cambio climático como el cultivo de plantas de cobertura que almacenan carbono en el suelo.

Por otro lado, las conversaciones sobre cambio climático de la ONU cada vez dan mayor importancia a la agricultura cuando se habla de reducir las emisiones de gas. En la cumbre del Clima celebrada en Marrakech, por ejemplo, al menos 80 sesiones se relacionaban con esta actividad.

Pero no siempre ha sido así.

“La agricultura lleva mucho retraso”, declaró Craig Hanson, director del programa de alimentación, bosques y agua del World Resources Institute a los informativos de InsideClimate. “Es asombroso que haya costado tanto… pero finalmente nos estamos ocupando”.

Además, la ONU lanzó en 2014 la campaña por una Agricultura Inteligente dentro de la Alianza Global por el Clima. Pero sus esfuerzos parecen más centrados en ayudar a los agricultores a ser más productivos y resilientes para afrontar el cambio climático, mientras que el objetivo de reducir las contribuciones de la agricultura a los gases de efecto invernadero viene con la coletilla “cuando sea posible”.

Habrá que ver el énfasis que se haga en la agricultura en las conversaciones sobre el clima de este año, en Bonn.

La salud global depende de la producción ganadera

La producción de ganadería intensiva, las factorías de carne, también ha centrado la atención de los expertos, tanto por sus consecuencias sobre el clima como por las que tiene sobre la salud pública. En mayo de este año, unos 200 expertos en áreas que van de la medicina a la climatología publicaron una carta abierta pidiendo al próximo director la OMS que abordara los efectos del cambio climático sobre la salud.

La carta decía: “Aunque muchas de las iniciativas anteriores acometidas para abordar la ganadería intensiva estaban relacionadas con el bienestar animal o cuestiones medioambientales, estamos convencidos de que la limitación del tamaño y de las prácticas adversas de la ganadería intensiva es fundamental para mejorar la salud global”.

Además del cambio climático, la carta pasa revista a la resistencia a los antibióticos y al aumento de la obesidad y las enfermedades no infecciosas (como la diabetes) entre las repercusiones negativas de la ganadería intensiva. La carta continúa diciendo:

“El cambio climático no reconoce fronteras, ni tampoco lo hacen las enfermedades infecciosas resistentes a los medicamentos. A pesar de ser los que menos contribuyen a la carga global de las actividades ganaderas, los países más pobres del mundo son los más vulnerables al aumento del nivel del mar, a los desastres naturales causados por el cambio climático, a la inseguridad alimentaria y a las enfermedades infecciosas”.

Como nota positiva, el nuevo director de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus señaló como una de sus prioridades la de abordar el impacto del cambio climático y medioambiental sobre la salud.

Claro que la OMS llevaba tiempo vigilando el tema. Esta agencia de la ONU actualizó en 2014 su informe sobre los impactos en la salud del cambio climático, publicado por primera vez en 2000. La última versión afirma que “se estima que, entre 2030 y 2050, el cambio climático causará alrededor de 250.000 muertes adicionales al año”. La organización cita la malnutrición infantil, la malaria, la diarrea (por falta de agua potable) y la exposición al calor como las principales causas de estas muertes. No obstante, probablemente subestima el alcance del impacto del cambio climático sobre la salud.

Por si fuera poco, cambiar el modo de producir la carne que nos comemos no aborda necesariamente su huella climática. El economista medioambiental Fredrik Hedenus de la Universidad de Chalmers es autor de diversos estudios sobre las contribuciones al clima del vacuno y los productos lácteos mencionados más arriba. Según este autor, la carne producida mediante ganadería extensiva no mejora las emisiones en relación con la ganadería intensiva. Pero, por otro lado, si no existiera la ganadería industrial no sería posible mantener un consumo de carne tan elevado.

El mundo ya está sintiendo los efectos del cambio climático tras aumentar de promedio 1ºC por encima de la temperatura existente antes de que comenzáramos a quemar ingentes cantidades de carbón, petróleo y gas. Dada la situación en la que nos encontramos, con escasas posibilidades de evitar un “peligroso” calentamiento global, la ciencia sugiere que no podemos permitirnos dejar fuera de la mesa de negociaciones a la alimentación y a la agricultura y la ganadería.

Nota:

* En inglés el nombre de la campaña es “Keep it in the Cow”, a semejanza de la otra: “Keep it in the Ground”, (N. del T.)

Fuente: https://www.desmogblog.com/2017/08/31/meeting-paris-goals-means-dealing-climate-impacts-meat-agriculture

Pacto de Milán. Nuevas tendencias en los sistemas alimentarios urbanos

Compartimos con vosotras/os las reflexiones realizadas por Surcos Urbanos y Madrid Agroecológico sobre la potencialidad las nuevas políticas urbanas alimentarias para iniciar una transición agroecológica en nuestros territorios.

Vivir sin carne

Ya es hora de que nos preguntemos si es posible seguir comiendo tanta proteína animal y de tan mala calidad. Algunos así lo hacemos.

Fuente: El Periódico

Autora: Esther Vivas

 

Mi abuela a veces me contaba las batallas de la guerra y la posguerra, y cómo en esos años pasó hambre. No tenía qué comer e incluso en más de una ocasión, cuando de manera inusual le habían servido un plato de carne… de conejo, en realidad, como averiguó tiempo después, lo que estaba comiendo era gato. Ya lo dicen ya, qué fácil es vendernos gato por liebre. Si antes faltaba carne, hoy a menudo sobra.

Mucho han cambiado las cosas en poco tiempo, y nos hemos convertido en consumidores compulsivos de proteína animal. En el Estado español, entre los años 60 y 90 su ingesta se multiplicó por cuatro, según datos del Ministerio de Agricultura, y aunque en los últimos tiempos la tendencia se ha estancado e incluso reducido, la cifra de 50 kilos de carne consumidos por persona y año se sitúa muy por encima de lo que recomienda la OMS. Los escándalos alimentarios, una mayor preocupación sobre lo que comemos y la crisis económica, que ha dificultado a determinados colectivos el acceso a alimentos frescos y de calidad o la compra de carne y pescado, han empujado hacia una reducción de su consumo.

 

Una ‘adicción’ que sale cara al planeta

A escala global, las cifras no han hecho sino aumentar, en particular en los países del sur, y especialmente en Asia, donde las proyecciones de la OCDE y la FAO apuntan a un incremento del 26% de aquí al 2023, mientras que en Europa y América del Norte, donde la demanda ya de por sí es alta, su crecimiento será débil. En la India, por ejemplo, un país eminentemente vegetariano pero con una tendencia al alza, comer carne se ha convertido en un práctica que da prestigio y estatus social.

Nuestra adicción al consumo de carne sale cara al planeta. Un dato: para producir un kilo de carne bovina se necesitan 15.000 litros de agua, y no porque las vacas beban mucho sino porque la consumen indirectamente con lo que comen (granos y especialmente forraje). ¿Una piscina pequeña para obtener cuatro filetes de ternera? Un sinsentido. En cambio, producir un kilo de trigo requiere poco más de 1.000 litros de agua y un kilo de patatas 255 litros, según datos del Atlas de la Carne. Hagan números. Y si el consumo de carne sigue creciendo, como se prevé, la cantidad de agua necesaria para alimentar a la ganadería intensiva (que necesita mucha más agua que la que pasta en el exterior) se duplicará a mediados de este siglo. Y no todo el mundo puede permitirse comprar un trozo de carne.

 

¿El hambre se debe a que no tenemos comida o a que no podemos acceder a ella?

Los costes sociales son también elevados. Un tercio de las tierras de cultivo y un 40% de la producción de cereales en el mundo se destinan a la cría industrial de gallinas, cerdos, vacas… en lugar de dar directamente de comer a la gente. Se calcula que unos 3.500 millones de personas, la mitad de los habitantes del planeta, podrían nutrirse con lo que consumen estos animales, según datos del Grupo ETC. Una pregunta resulta ineludible: ¿el hambre se debe a que no tenemos comida o a que no podemos acceder a ella?

La calidad de la carne deja mucho que desear. Sin ir más lejos, la OMS aseguraba en el 2015 que el consumo de carne roja y procesada puede causar cáncer colorrectal, de páncreas y de próstata principalmente, y que dichas posibilidades aumentan con la cantidad ingerida. Además, hoy en día se suministran a escala global más antibióticos a animales sanos que a personas enfermas, con el objetivo de que sobrevivan a unas condiciones insalubres de confinamiento hasta llegar al matadero. Los animales dejan de ser considerados seres vivos para convertirse en objetos y mercancías. La distancia entre el campo y el plato se ha hecho tan grande que ya no somos conscientes de que tras un plato de lasaña, una loncha de jamón o incluso una pechuga de pollo había vida.

 

Industria concentrada en pocas manos

Tras este modelo, sin embargo, hay quien sale ganando, y mucho. La industria ganadera concentra su poder cada vez en menos manos, en detrimento de los pequeños agricultores, el bienestar animal, la salud de los consumidores y del medioambiente y los derechos laborales. Aquí en Catalunya casi tenemos tantas cabezas de cerdo como de personas, con el impacto tan negativo que esto genera en el territorio, como viene denunciando desde hace años el Grup de Defensa del Ter. Las protestas recientes de los trabajadores del sector cárnico en Osona apuntan también a la alta precariedad del sector.

¿Qué podemos hacer? Ya va siendo hora de que nos preguntemos si es posible seguir comiendo tanta carne y de tan mala calidad. La ganadería campesina, ecológica y a pequeña escala es una alternativa, pero también es posible vivir sin carne. Algunos así lo hacemos.

Recursos para una alimentación saludable y ecológica

Antes del descanso estival, os enviamos la recopilación de rescursos elaborada por la Red de Escuelas por un Mundo Rural Vivo sobre alimentación saludable y sostenible. La podéis consultar aquí.

Se trata de una extensa recopilación acompañada de un pequeño párrafo introductorio que ayuda a entender cada uno de los recursos. Sin duda, es un material de mucha utilidad. Su único problema es que carece de buscadores y orden, por lo que puede ser difícil encontrar los materiales que se necesitan.

Ganadoras/es del concurso de recetas saludables, justas y ecológicas

Durante el tercer trimestre del curso 2016-2017, hemos puesto en marcha un concurso de recetas con ningún (o casi) ingrediente de origen animal. El objeto del concurso era encontrar nuevos platos para incorporar al menú escolar contando con la participación del conjunto de la comunidad educativa. El jueves 15 tuvo lugar la final del concurso en Hipatia. En ella, las familias que habían presentado las propuestas finalistas las elaboraron en la cocina del ciclo formativo de restauración de Hipatia. A continuación, el jurado falló el concurso.

El jurado valoró:

  • Que todos los ingredientes pudiesen provenir de cultivo ecológico, de origen peninsular y que fuesen de la misma temporada. Todos los platos finalistas cumplían esas características.
  • Que el precio de los ingredientes pudiese ser asumible dentro de presupuesto existente.
  • Que fuesen platos que una cocina de un comedor escolar pudiese elaborar.
  • Y por supuesto el sabor. Que fuesen deseables por paladares infantiles.

Con estos criterios, se decidió otorgar tres premios. Dos de ellos serán platos que incoroporaremos al menú escolar de los colegios de FUHEM el curso que viene, son los platos ganadores de la temporada de invierno y de la de verano. El tercer premio será un plato que se sumará a la oferta del restaurante Bitácora de Hipatia también el próximo curso. El restultado fue:

Plato ganador de la temporada de invierno: Tallarines con salsa Alfredo, presentado por Jonatan Eustaquio Cano (colegio Hipatia)

Ingredientes (para dos personas)

  • 1 diente de ajo.
  • 1 cucharadita de aceite.
  • 1 taza de coliflor (100 gramos).
  • ¾ de taza leche vegetal (175 mililitros). [El jurado valoró la posible sustitución de este ingrediente por otros equivalentes]
  • Sal.
  • 1 cucharada de levadura de cerveza.
  • ½ cucharada de zumo de limón.
  • 150 gramos de espaguetis.

Preparación:

  1. En una sartén saltemos el diente de ajo laminado en un poquito de aceite.
  2. Cuando el ajo empiece a dorarse echamos la leche y la ponemos a fuego fuerte para que hierva.
  3. Añadimos la sal y la coliflor. Bajamos a fuego medio y dejamos nuestra salsa a fuego medio hasta que esté hecha (7-10 minutos).
  4. Echamos la salsa en una batidora con la levadura de cerveza y el zumo de limón. Trituramos.
  5. Cocemos los espaguetis, los colamos y los mezclamos con la salsa en la sartén.

Plato ganador de la temporada de verano: Gazpacho de sandía, presentado por Beatriz Castroviejo (colegio Montserrat)

Ingredientes para 4 personas:

  • 400 gramos de sandía (sin piel ni pepitas).
  • 2 tomates maduros.
  • 1/4 de cebolla.
  • 1 pepino pequeño.
  • 1/4 de pimiento rojo (yo hay veces que no se lo pongo, no lo veo necesario y repite más con él).
  • Agua fría (si lo vemos necesario, y a ojo, según nos guste de espesor).
  • Aceite de oliva (un buen chorro, a ser preferible que sea vírgen extra).
  • Sal

Preparación:

Simplemente triturar todos los ingredientes hasta que quede textura de gazpacho. Si vemos que está muy líquido, podemos añadir un poco de pan, y si lo vemos algo espeso, se añade agua.

Premio Bitácora: Lentejas con arroz a la castellana, presentadas por Natalia Belizón (colegio Hipatia)

Ingredientes:

  • 2 vasos y medio de lentejas castellanas.
  • 1 vaso de arroz.
  • 1 puerro cortado en rodajas no muy finas.
  • 1 calabacín cortado en dados.
  • 1/2 cabeza de ajos.
  • 2 zanahorias medianas cortadas en rodajas.
  • 1 puñado de judías verdes troceadas,
    pimentón dulce o mezcla de dulce y picante.
  • Sal.
  • 1 litro y 1/4 de agua.

Preparación:

  1. Poner las lentejas a fuego alto en una cazuela junto con las verduras troceadas, los ajos enteros con piel, el agua y la sal. Una vez empiece a hervir, bajar el fuego al mínimo y tapar parcialmente. Cocer unos 45 minutos aproximadamente.
  2. 20 minutos antes del final de la cocción, echar el arroz, comprobar que está bien de sal y volver a tapar parcialmente hasta que pase el tiempo de la cocción.
  3. Retirar los ajos si se desea (aunque quedan muy ricos cocinados así).
  4. Aparte, poner un chorro de aceite de oliva en una sartén y cuando esté caliente apagar.
  5. A continuación echar una cucharada de pimentón, remover con una cuchara de madera durante unos segundos y luego echar las lentejas.
    Es muy importante no quemar el pimentón ya que da muy mal sabor.
  6. Si se deja reposar las lentejas (se pueden hacer la noche anterior y así cogen más cuerpo) se pueden luego recalentar a fuego bajo. Si han quedado muy secas se puede echar tranquilamente un poco de agua y dejar que hierva unos minutos.

Finalistas: Hummus de Yiftach Talmon (colegio Montserrat) y Macarrones con salsa de remolacha de Ana Martínez (colegio Hipatia)

Final del concurso de recetas saludables, justas y ecológicas. El desafío de cocinar (algunos días) sin productos animales

Como sabéis, nuestros comedores están haciendo una apuesta fuerte por ser saludables, justos y ecológicos. Para todo ello, es importante la reducción de la ingesta de productos de origen animal ya que:

Pero sabemos que nos está costando encontrar platos que gusten a todo el mundo que no tengan (o tengan muy pocos) productos de origen animal. Son solo dos días al mes los que tenemos con este criterio, pero queremos que nos salgan mejor.

Así que decidimos juntar toda la creatividad contenida en la comunidad educativa e invitaros a hacernos propuestas. Para eso, lanzamos un concurso de recetas cuyo premio será que los platos ganadores se servirán en el comedor escolar.

Este concurso ha llegado a su fase final, en la que degustaremos las mejores propuestas que hemos recibido hasta la fecha. Para ello, os invitamos a degustarlos y formar parte de voto de la comunidad educativa.

El acto será el próximo jueves 15 de junio el restaurante Bitácora situado en la Ciudad Educativa Hipatia (Avda. Ocho de Marzo, 1, Rivas Vaciamadrid) a las 17:00.

Pesticidas, detergentes, plásticos y otras hormonas

Hoy queremos compartir con vosotras/os una charla de Nicolás Olea. Es Catedrático de Medicina en la Universidad de Granada, Coordinador de Investigación del Hospital Clínico de Granada y una de las personas más reputadas a nivel mundial en lo referente a disruptores endocrinos de origen humano, entre ellos, los que se adquieren mediante la alimentación.

Jornadas internacionales sobre comedores escolares saludables y sostenibles.

Cada vez son más las Administraciones que recurren a la compra pública alimentaria para fomentar la producción y el consumo de alimentos ecológicos o procedentes de producciones pequeñas y medianas enraizadas en el tejido local. En el caso de los comedores escolares, pueden además convertirse en un espacio privilegiado para impulsar la ecologización de los currículos y las prácticas educativas a través de la universalización de hábitos alimentarios saludables y sostenibles.

Estas jornadas son una oportunidad perfecta para conocer de primera mano las iniciativas que se están impulsando en distintos lugares, tanto de otros países europeos como en nuestra propia geografía. Un momento de inspiración y reflexión para las comunidades educativas de la Comunidad de Madrid. Un espacio de diálogo, encuentro y organización para seguir avanzando hacia comedores escolares saludables y sostenibles.

La transición hacia comedores escolares saludables y sostenibles

6 junio. 18.00 h
La Casa Encendida

¿Qué está sucediendo en los comedores escolares de Europa? ¿Tenemos preocupaciones y propuestas similares? ¿Qué podemos aprender de otras ciudades como Roma o Viena? ¿Es viable incluir medidas favorables al uso de alimentos de producción ecológica certificada, ingredientes frescos y de temporada, producciones con marcas de calidad vinculadas a territorios determinados?

Tanto la Directiva sobre contratación pública (2014/24/EU) como múltiples proyectos respaldados por instituciones comunitarias, vienen desde hace años resaltando el enorme potencial de la compra pública alimentaria como herramienta para, entre otros, fomentar buenos hábitos alimentarios, apoyar al empleo local, reducir los impactos ambientales negativos de la producción agroalimentaria o fomentar la innovación social.

Resulta destacable el papel de los municipios a la hora de desarrollar iniciativas novedosas con objetivos de mejora ecológica, de la equidad social, nutricionales y de salud. Así que no podemos dejar pasar la oportunidad de conocer una síntesis de las experiencias internacionales de referencia, con diversos modelos y formas de gestión que pueden ayudarnos a repensar nuestra propia realidad.

Introducción: Fundación Daniel y Nina Carasso.

Interviene: Roberta Soninno, profesora de la Universidad de Cardiff e investigadora en geografías alimentarias, especializada en sistemas alimentarios locales y compra pública alimentaria. Autora de libros como The School Food Revolution: Public Food and the Challenge of Sustainable Development.

Modera: Cooperativa Garúa.

Charlar en torno a la mesa del comedor

7 junio. 18.00 h
La Casa Encendida

Una mesa redonda con personas que dinamizan algunas de las iniciativas de cambio por unos comedores escolares saludables y sostenibles en nuestra geografía.

Mesa redonda de iniciativas en torno a los comedores escolares saludables y sostenibles y debate abierto con el público.

Intervienen: Julia del Valle, Plataforma Ecocomedores-Madrid; Sarai Fariñas, CERAI-Valencia, y Pablo Alconchel, Plataforma comedores escolares públicos de calidad en Aragón.

Reducir el despilfarro de comida

Fuente original: Ecologistas en Acción

Si el despilfarro de comida fuera un país, sería el tercer mayor emisor de carbono después de EE UU y China. Mientras 800 millones de personas pasan hambre, alrededor del tercio de toda la comida producida para el consumo humano en el mundo, unos 1.300 millones de toneladas, se desecha o se pierde.

Se estima que se tiran 88 millones de toneladas de comida cada año en la UE, suficiente para alimentar más de nueve veces a los 55 millones de personas que sufren pobreza alimentaria en Europa. E incluso distribuyendo ese excedente de comida entre los necesitados, seguiríamos teniendo sobreproducción.

Mientras tanta gente pasa hambre o está malnutrida, tirar la comida es moralmente condenable y una pérdida de unos recursos valiosos y escasos (agua, suelo y combustible) necesarios para producirla.

¿Cuál es la situación?

Además de la enorme cantidad de comida que se tira al año en los hogares, en todas las fases de la producción de alimentos se generan residuos, desde los productos agrícolas perfectamente comestibles que se dejan sin cosechar en el campo hasta las existencias no vendidas descartadas por los supermercados.

Tirar comida en buen estado es desperdiciar una gran cantidad de energía y recursos naturales necesarios para producirla, congelarla, almacenarla y transportarla. Además, gestionar estos residuos de comida requiere más energía y recursos.

Mientras la industria del envasado asegura que los envases evitan que se estropee la comida, los datos muestran que se desperdiciaba menos antes de que los envases de un solo uso empezaran a proliferar en las tiendas. Ingentes cantidades de comestibles sin abrir siguen acabando en los vertederos a pesar de su abundante embalaje.

La confusión de los consumidores en cuanto al etiquetado ‘consumir preferentemente antes de’ también contribuye a este evitable despilfarro.

Objetivos de desarrollo sostenible (SDG)

La Unión Europea se comprometió a nivel internacional a reducir el despilfarro de comida firmando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDG), que no son vinculantes y que solamente se refieren al consumo posterior, es decir, a la comida desechada por minoristas, consumidores y consumidoras.

Hay que poner más énfasis en prevenir en primer lugar el descomunal despilfarro de alimentos durante la producción primaria, la distribución y el procesado.

El único modo de saber dónde están los puntos negros en las cadenas de suministro europeas y poder priorizarlos en consecuencia, es contar con una estimación fiable y armonizada del recorrido de la granja a la mesa y con objetivos de reducción vinculantes.

Casos de estudio

En Francia los supermercados se enfrentan a multas de hasta 75.000 € si tiran comida en buen estado, deben donarla a asociaciones benéficas. En Italia se incentiva a los establecimientos para que donen la comida que sobre. Aunque estas medidas van en la dirección correcta, no encaran el principal problema, que es la sobreproducción de la industria alimentaria.

Dinamarca ha reducido el despilfarro de comida en un 25 % en cinco años y actualmente todos los supermercados del país tienen una estrategia de reducción al respecto.

La jerarquía del despilfarro de comida

Las estrategias de Residuo Cero que priorizan la prevención, la reutilización, el reciclaje y el compostaje están ganando importancia. Y el despilfarro de comida no es una excepción.

Una jerarquía de residuos es un sistema que clarifica el orden de prioridad para prevenir y gestionar los residuos. El despilfarro de comida tiene su propia jerarquía, teniendo en cuenta que no se puede gestionar igual que los residuos domésticos normales.

Favorecer las opciones preferibles de la jerarquía aseguraría que los alimentos se usan para un propósito ambiental y socialmente útil.

Recomendaciones políticas

– Introducir una clara definición del despilfarro de comida en la legislación europea que incluya el de la producción primaria.

– Comprometerse de modo vinculante a reducir el despilfarro de comida un 30 % en 2025 y un 50 % en 2030 en todos los Estados miembro. Esto significa que se debe incluir también lo que se desperdicia durante la producción primaria, la elaboración y la distribución.

– Apoyar la jerarquía específica del despilfarro de comida antes que confiar en la jerarquía genérica de residuos.

– Establecer recomendaciones a nivel de la UE sobre cómo cumplir con los objetivos de reducción y desarrollar una metodología común tanto para medir como para prevenir el despilfarro de comida.

– Extender medidas para evitar el despilfarro de comida a escala minorista (ver Francia, Italia y Dinamarca) en todos los Estados miembro.

– Apoyar las políticas que promuevan la producción local y de temporada.

– Priorizar criterios de prevención en la compra pública de comida y de servicios de cáterin.

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Expertos/as de la ONU denuncian el “mito” de que los pesticidas son necesarios para alimentar al mundo

La relatora especial sobre el derecho a la alimentación y el relator especial sobre productos tóxicos de la ONU enviaban el pasado miércoles al Consejo de Derechos Humanos un duro informe que carga contra la industria de los pesticidas, denunciando sus perniciosos efectos sobre la población y el medio ambiente. También señalan la fuerte presión que las multinacionales ejercen sobre los gobiernos y la comunidad científica, retrasando y bloqueando la implementación de regulaciones más estrictas. Finalmente, realizan un llamamiento a una transición basada en la agroecología, sumándose a otros informes previamente publicados por organismos científicos relacionados con las Naciones Unidas.

Origen: The Guardian
Traducción: Observatorio OMG
Fecha: Martes, 7 Marzo, 2017

La idea de que los pesticidas son esenciales para alimentar a la creciente población global es un mito, según expertos de la ONU en alimentación y contaminación.

Un nuevo informe presentado al consejo de derechos humanos de la ONU el pasado miércoles se muestra tremendamente crítico con las multinacionales que fabrican pesticidas a nivel global, a las que acusa de “negar sistemáticamente los daños”, “utilizar tácticas de marketing agresivas y poco éticas” y presionar insistentemente a los gobiernos, lo cual ha “bloqueado las reformas y paralizado las restricciones a los pesticidas a nivel global”.

El informe afirma que los pesticidas tienen “un impacto catastrófico sobre el medio ambiente, la salud humana y la sociedad en su conjunto”, incluyendo una estimación de 200.000 muertes al año por intoxicación aguda. Sus autores dicen: “Es hora de crear un proceso global que nos permita realizar la transición hacia una producción de alimentos más segura y saludable.”

Se espera que la población mundial crezca de 7.000 millones de personas a día de hoy a 9.000 millones en 2050. La industria de los pesticidas sostiene que sus productos – con un valor de mercado de unos 50.000 millones de dólares anuales y creciendo – son vitales para proteger los cultivos y asegurar un suministro suficiente de alimentos.

“Es un mito,” dice Hilal Elver, relatora especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación. “Utilizar más pesticidas no tiene nada que ver con acabar con el hambre. Según la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), a día de hoy podríamos alimentar a 9.000 millones de personas. La producción está aumentando, sin lugar a dudas, pero el problema es la pobreza, la desigualdad y la distribución.”

Elver añade que muchos de los pesticidas se utilizan en cultivos para la exportación, como el aceite de palma y la soja, que no son los alimentos que necesite la población hambrienta: “Las multinacionales no están ocupándose del hambre en el mundo, están ocupándose de aumentar la actividad agrícola a mayores escalas.”

El nuevo informe, redactado junto a Baskut Tuncak, relator especial de la ONU sobre productos tóxicos, dice: “Aunque la investigación científica confirma los efectos adversos de los pesticidas, demostrar un vínculo inequívoco entre la exposición a estos y la aparición de enfermedades en humanos o daños al ecosistema supone un desafío considerable. Este desafío se ha visto exacerbado por la negación sistemática, alimentada por la industria agrícola y de los pesticidas, de la magnitud de los daños infligidos por estos productos, así como sus tácticas de marketing agresivas y faltas de ética.”

Elver, que ha visitado Filipinas, Paraguay, Marruecos y Polonia para la redacción de este informe, añade: “El poder de las multinacionales sobre los gobiernos y la comunidad científica resulta extremadamente importante. Si quieres abordar el tema de los pesticidas tienes que vértelas con las empresas – es por esto que usamos palabras tan duras. Dirán, por supuesto, que no es verdad, pero el testimonio de la gente también está ahí fuera.”

Según ella, algunos países sí tienen regulaciones “muy estrictas” para los pesticidas, como es el caso de la UE, que basa su normativa en el “principio de precaución”. La UE prohíbia en 2013 el uso de pesticidas neonicotinoides en cultivos de flor, por sus efectos para las abejas, una medida a la que la industria se oponía enérgicamente. También añade que otros países, como EEUU, no se atienen al principio de precaución.

Elver afirma también que mientras que los consumidores de los países desarrollados suelen estar mejor protegidos de los pesticidas, los trabajadores agrícolas no lo están. En EEUU el 90% de los trabajadores no tienen “papeles”, lo que supone una falta de protección legal y seguros de salud que los pone en riesgo debido a la exposición a pesticidas.

“Decir que es un mito que los agricultores necesitan pesticidas para conseguir alimentar a 7000 millones de personas sencillamente no se sostiene,” declaró un portavoz de la Crop Protection Association, que representa a los fabricantes de pesticidas en Reino Unido. “La FAO lo dice muy claramente – sin herramientas de protección de cultivos los agricultores podrían perder hasta el 80% de sus cosechas debido a las plagas, malas hierbas y enfermedades.”

“La industria de las ciencias vegetales está muy de acuerdo con los relatores especiales de la ONU en que el derecho a la alimentación debe extenderse a todo ciudadano a nivel global, y que todos los ciudadanos tienen derecho a alimentos producidos de forma saludable para la salud humana y el medio ambiente,” afirma el portavoz. “Los pesticidas juegan un papel crucial a la hora de asegurar que tenemos acceso a un suministro de alimentos saludable, seguro y asequible.”

El informe recoge que sólo el 35% de los países en desarrollo tiene un régimen normativo para el uso de pesticidas, e incluso en ese caso había problemas a la hora de hacerlo cumplir. También encontró ejemplos de pesticidas cuyo uso está prohibido en un país pero que aún siguen produciéndose en ese país para la exportación.

Recomienda avanzar hacia un tratado global que gobierne el uso de pesticidas y hacia la utilización de prácticas sostenibles que incluyan métodos naturales para el control de plagas y la rotación de cultivos, así como que se incentive la producción de alimentos ecológicos.

El informe añade: “La exposición crónica a pesticidas ha sido relacionada con el cáncer, el Alzheimer y el Parkinson, alteraciones hormonales, transtornos del desarrollo y esterilidad.” También subraya el riesgo para ,los niños al consumir alimentos contaminados con pesticidas, citando 23 muertes en India en 2013 y 39 en China en 2014. Además, dice el informe, estudios recientes del gobierno chino indican que la contaminación por pesticidas implica que en torno al 20% de la tierra cultivable no podía seguir utilizándose.

“La industria utiliza a menudo el término “mala utilización intencionada” para pasar las culpas a los usuarios de los impactos evitables de pesticidas peligrosos,” dice el informe. “Aun así, claramente, la responsabilidad de proteger a los usuarios y a otros a lo largo de todo el ciclo de vida de los pesticidas y en la cadena de distribución corresponde al fabricante.”

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