Alimentando otros modelos

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Cinco razones para aumentar nuestro consumo de alimentos ‘kilómetro cero’

Artículo aparecido originalmente en eldiario.es

Foto: Friedrich Böhringer
Foto: Friedrich BöhringerLa alimentación de ‘kilómetro cero’ es aquella que se basa en la adquisición preferente de productos cuya materia primera procede de un radio inferior a 100 kilómetros de distancia respecto al consumidor. Es una tendencia que nació en Estados Unidos en los años setenta y que entró en Europa a finales de los ochenta desde Italia. Su objetivo no es tanto luchar contra los grandes grupos de distribución alimentaria, como favorecer las economías locales y los cultivos variados y de temporada, que no impliquen grandes extensiones de cultivo.

La alimentación de ‘kilómetro cero’ no pretende, por otro lado, ser una imposición para las y los consumidores y mucho menos limitar su dieta a una serie de productos. Más bien busca instarse en nuestra conciencia como una norma por la cual, cuando sea posible, indagaremos el origen de los productos que adquiramos y escogeremos siempre los que tengan un origen local respecto a ubicación. De todos, modos, se trata de una revolución progresiva y, de momento, parcial.

Es obvio, por ejemplo, que si hablamos de los productos de mar, más de una cuarta parte de los españoles no debería comer pescado o marisco, algo difícilmente concebible hoy y que incluso podría ser contraproducente. En consecuencia, hay que incentivar este tipo de alimentación de un modo realista. Por otro lado, debemos exigir garantías de que los alimentos de proximidad que adquirimos cumplen todas las normas sanitarias y ambientales vigentes.

1. Dejan una huella ecológica mucho menor

Camiones congeladores, aviones, trenes y barcos pueden ser excluidos de la cadena de distribución. Al ser producidos en un radio no mayor a los 100 kilómetros, los alimentos ‘kilómetro cero’ no precisan recorrer grandes distancias para llegar a su punto final de consumo. Con ello se produce un ahorro muy considerable de la energía necesaria para transportarlos. Esto es así especialmente en el caso de los combustibles fósiles, que son uno de los mayores contribuyentes netos al aumento de la contaminación y la emisión de gases de efecto invernadero.

Varios de los ingredientes de la ensalada de aguacate y tomate cherry
Foto: Diana Rodelo

Por otro lado, al no precisar de condiciones especiales de envasado destinadas a la durabilidad en el transporte, se reduce el desperdicio final en productos no biodegradables como plásticos o bandejas de poliestireno expandido (porexpan). Finalmente, al conocer su origen garantizamos que se producen de acuerdo con la normativa vigente en Europa, mucho más estricta en materia medioambiental que la de algunos país actualmente productores.

2. Reducen el desperdicio alimentario

Otra ventaja de la alimentación de ‘kilómetro cero’ es que al acortar sensiblemente la cadena de intermediarios, se reducen las pérdidas por deficiencias en el transporte y almacenamiento, los descartes innecesarios, etc., con lo que se limita el desperdicio de alimentos que son aptos para son consumidos. Tal como señalaba una resolución del Parlamento Europeo en 2012, la cercanía en el consumo es una de las medidas fundamentales para reducir el desperdicio.

Adicionalmente, en su libro Waste: uncovering the global food scandal, el activista Tristram Stuart, uno de los líderes contra el desperdicio alimentario global, calculaba que cerca de dos terceras partes de los productos se desperdician antes de llegar al consumidor por culpa de la cadena de intermediarios.

Además, la cercanía con el productor nos permite a veces un mayor control sobre el producto de modo que podamos evitar la exclusión de la comercialización de productos aptos para ser comidos simplemente por razones de estética o marketing. En general, los pequeños productores no desperdician apenas restos, sino que los suelen reciclar en forma de abonos, harinas para piensos o subproductos elaborados como embutidos.

Foto: Guy Courtois
Foto: Guy Courtois

3. Consumiremos menos productos elaborados industrialmente

Al no exigir condiciones de larga conservación, normalmente adquirimos muchos de estos productos en forma de materia prima sin tratar, también conocida como alimentos orgánicos, que podemos cocinar nosotros mismos y consumir cuando consideremos oportuno, ya sea inmediatamente o tras un periodo de congelación. Esto es así sobre todo en el caso de las carnes, hortalizas, legumbres o frutas.

Con ello nos ahorramos la inclusión de elementos potenciadores del sabor como los azúcares añadidos, espesantes como las grasas hidrogenad as o estabilizantes como el aceite de pal ma, que no son precisamente saludables. Es decir que la materia prima nos permite mayor control sobre las sustancias que ingerimos y con ello podemos sortear el sobrepeso y el riesgo cardiovascular.

4. Nos hacen ser conscientes de nuestras limitaciones ambientales

Si consumimos alimentos de ‘kilómetro cero’ no podremos acceder en la mayor parte de España a las ciruelas en febrero ni las cerezas en diciembre, las alcegas en julio o las alcachofas en agosto, etc. Deberemos regirnos por el calendario de verduras de temporada, lo que nos hará ser conscientes del coste que supone disponer de todo tipo de alimentos todo el año, tal como sucede hoy en día.

Foto: Pixabay
Foto: Pixabay

No obstante estas limitaciones pueden obligarnos agudizar el ingenio y la curiosidad por aprender a cocinar los productos de modo que aumentemos su vida útil, por ejemplo salándolos, congelándolos, en forma de conservas o secándolos, como se puede hacer con diversos tipos de frutas.

5. Potenciamos la economía enraizada en nuestro entorno

La externalización de la producción en busca de mayor competitividad en los precios, ha llevado a situaciones tan rocalmbolescas como la de encontrar en un lineal de un supermercado español etiquetas de “Espárragos de Tudela” que en realidad han sido cultivados en China o Perú. No es el único ejemplo del traslado de los productos de proximidad a países donde las condiciones laborales son más precarias y las exigencias medioambientales más laxas, lo que permite ofrecer mejores precios.

Ante esta situación aberrante, los alimentos de ‘kilómetro cero’ pueden ser una solución que no solo corrija los impulsos de la globalización neoliberal, sino que también potencie la conservación de nuestros entornos rurales y paisajes agrícolas al facilitar las economías de escala y acordes con la sostenibilidad del ecosistema.

 

es con la sostenibilidad del ecosistema.

El Ayuntamiento de Zaragoza apuesta por un salto de calidad en los comedores de las escuelas infantiles municipales

Dejar de comprar comida ecológica es perjudicial para el planeta y para las personas

Un artículo publicado recientemente en ‘El País’ desprecia la agricultura ecológica. La acusación es grave e ignora las verdaderas ventajas de este sistema

Medio: El Confidencial

En un reciente artículo publicado en el suplemento BuenaVida de ‘El País’ se denuesta la agricultura ecológica, basándose en gran medida en otro artículo de ‘New Scientist’ publicado con el mismo titular. El artículo ha causado una significativa indignación en las redes sociales, ya que ‘New Scientist’ es una revista divulgativa que no está sometida a revisión por pares y, por tanto, no está reconocida como documentación con valor académico. Eso explica por qué los argumentos expuestos son fácilmente rebatibles.

En primer lugar, conviene resaltar que tanto la convencional como la ecológica certificada son dos tipos de agricultura que no representan la generalidad de los sistemas alimentarios del planeta. Un estudio del pasado 30 de noviembre demuestra que las pequeñas granjas familiares (la mayoría de ellas con sistemas de producción agroecológicos, donde la producción agrícola está integrada en el ecosistema que la aloja) producen el 70% de la comida del planeta, aun cuando solo ocupa el 30% de las tierras cultivables. Unos datos tan contundentes ponen en cuestión la supuesta eficiencia no ya de la agricultura convencional sino del monocultivo.

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MAELA: Rescatar lo mejor de la tradición agroecológica

La entrada de esta semana empieza proponiendo el visionado de un videoclip del Movimiento Agroecológico Latinoamericano MAELA (https://maelac.wordpress.com/inicio/). MAELA es una articulación abierta, plural y diversa de experiencias de desarrollo, producción, investigación, formación y promoción de la cultura campesina y de la tradición agroecológica. Congrega a más de 150 instituciones u organizaciones (agricultores/as familiares, campesinos/as, indígenas, consumidores/as, ONGs, instituciones de educación y universidades) y plantea alternativas frente al neoliberalismo y la globalización económica, por ser éstas excluyentes y discriminatorias de las culturas y saberes, en este caso, de los pueblos de América Latina y el Caribe.

La agroecología se propone como una alternativa global a los grandes monopolios del sector agroalimentario y a la concentración de las tierras fértiles (los grandes latifundios) y de las semillas. Representa en ese sentido un sistema alternativo que pone en dialogo e incluye economía, política, sociedad civil, y también (pero no como único objetivo) producción agrícola. Los movimientos para la agroecología apuestan por cambiar el sistema en su conjunto, implicando e incluyendo en ese proceso a todos los sectores y aspectos de la sociedad, no sólo el de la producción agrícola, sino también a los territorios, su identidad, a las comunidades, al medio natural, a los recursos naturales, etc. El objetivo es lograr una mayor autonomía con respecto a las lógicas del mercado, con técnicas de diversificación de la producción, renunciando al uso de contaminantes químicos, promoviendo una rotación sostenible del suelo, respetando sus ciclos de renovación y, en definitiva, democratizando el sistema de producción de comida (desde el principio del ciclo, a través del suelo y las semillas, hasta el final, cerrando ciclos con el reaprovechamiento de los residuos orgánicos). Agroecología, en ese sentido, es asegurar la soberanía alimentaria de los pueblos.

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Exposición de paneles “Alimentar el cambio”

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Tenemos el gusto de compartir con vosotras/os la exposición “Alimentar el cambio”, realizada en el marco del proyecto “Fomento de la alimentación saludable y sostenible en centros educativos de la Comunidad de Madrid”, impulsado por la cooperativa Garúa y por FUHEM, y  financiado por la Fundación Daniel y Nina Carasso.

El objeto de la exposición es servir de apoyo a los centros escolares que están realizando una apuesta por la comida ecológica y saludable. Cada uno de los seis paneles que la componen aborda uno de los siguientes temas:

  • Agricultura ecológica.
  • Alimentos locales.
  • Del campo al plato.
  • Alimentos de temporada.
  • Alimentos saludables.
  • ¿Qué podemos hacer en un colegio?

Os los podéis descargar para imprimir o proyectar. También nos podéis pedir los archivos en alta resolución. Además, la exposición está disponible para que la podáis usar en vuestro centro escolar.

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